Jueves 08/12/2016.

Mundo

El camino hacia el Estado palestino será largo y penoso

  • Ban Ki Moon, tendrá que evaluar si cumple los requisitos para ser trasladada al Consejo de Seguridad.
  • El plan B de los palestinos constituye su verdadero objetivo a medio plazo, conseguir un estatus intermedio.
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El órdago está echado, pero es solo el principio. Los responsables de la Autoridad Palestina son conscientes de que su apuesta por convertirse en el estado número 194 de la ONU tendrá un largo recorrido y atravesará serias dificultades de todo tipo. Diplomáticas, en primer lugar, porque la petición de ingreso del viernes 23 de septiembre no será aceptada inmediatamente. El secretario general de la Organización, Ban Ki Moon, tendrá que evaluar si cumple los requisitos para ser trasladada al Consejo de Seguridad. Si llega hasta ese exclusivo club, lo más probable es que sus miembros constituyan un comité para analizar la solicitud y recomendar o no la admisión. Lo harían a través de una resolución que requiere una mayoría favorable de nueve miembros y ningún veto por parte de los permanentes. Estados Unidos ya ha anunciado que lo interpondrá. Será, por tanto, el fin de esta vía.

El plan B de los palestinos constituye su verdadero objetivo a medio plazo, conseguir un estatus intermedio, superior al que tienen ahora, como estado no miembro u observador sin derecho de voto. Lo conseguirían obteniendo el apoyo de una mayoría en la Asamblea General, que tienen garantizada, y ello les otorgaría un mayor apoyo internacional y algo más de fuerza si algún día se reanudan las conversaciones de paz, que llevan más de un año estancadas.

La oposición de los colonos

La iniciativa palestina creará también (ya lo está haciendo) graves tensiones con sus vecinos israelíes, especialmente con los colonos de Cisjordania. Uno de sus portavoces resumía en Twitter la opinión del medio millón de judíos que pueblan los asentamientos: “Israel es la tierra de los judíos. Ningún voto de la ONU cambiará esto”. Y para demostrarlo, en las últimas semanas se han multiplicado los enfrentamientos entre los colonos y los palestinos de las localidades colindantes. Estos lanzan piedras y aquellos responden con material antidisturbios proporcionado por el Ejército israelí mientras los soldados intervienen también con el suyo para dispersar a unos y otros. En lo que llevamos de septiembre tres mezquitas han sufrido ataques, según una agencia de la ONU.

La contención que están mostrando los palestinos también amenaza con hacerse añicos ante el rechazo del Consejo de Seguridad. Algunos expertos están convencidos de que renacerá la Infifada y la única duda es si será más o menos pacífica y sangrienta. De momento han organizado grupos de voluntarios para vigilar y para prevenir ataques contra los asentamientos que puedan crear un ambiente internacional de rechazo a la iniciativa de la Autoridad Palestina

Europa dividida

La división en el seno de la Unión Europea tampoco favorece una salida rápida al camino emprendido por los palestinos. Mientras unos pocos países, entre ellos España, apoyan el reconocimiento del Estado independiente siempre que garantice la seguridad y el derecho a existir de Israel, otros, como el Reino Unido o Francia, están claramente en contra o juegan a las medias tintas. En una cumbre sobre Libia celebrada estos días en Nueva York, el presidente Sarkozy ha advertido que los conflictos que persisten desde hace sesenta años podrían envenenar la primavera árabe. Sin embargo, consciente de la postura de Estados Unidos, la última propuesta de Francia es que el Estado palestino consiga un estatus similar al del Vaticano y al que tuvo Suiza hasta hace algunos años, es decir, el de estado no miembro.

Para atemperar aún más los ánimos, quienes se inclinan por apoyar el Estado palestino, como el Nobel de la Paz Maarti Ahtisaari o el ex secretario general de la OTAN Javier Solana, han querido quitar hierro sugiriendo que Europa tendría margen para negociar con los palestinos con el fin de que no aprovechen su incorporación a la comunidad internacional para denunciar ante el Tribunal Penal Internacional la ocupación de territorios de un estado por parte de otro. Es decir, más dilación en un asunto que va para largo. Hay quien fecha el comienzo del conflicto en la Declaración Balfour de 1917 en la que los británicos se comprometieron a favorecer la creación de un estado judío. Hace casi un siglo de aquello y, aunque ahora todo va más deprisa, el conflicto israelo-palestino no va a solucionarse en una semana.

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