Jueves 14/12/2017.

Mundo

El bulldog británico mordió a la Unión Europea

  • Pero "ni contigo ni sin ti", como dice la canción.
  • Ni con la Europa del euro ni sin ella porque existe otra parte de la economía que llevaba años intentando convencer a las autoridades británicas de la necesidad de integrarse en la moneda única.
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Los más euroescépticos del Partido Conservador le pidieron a Cameron en la Cámara de los Comunes que fuera a Bruselas a mostrar "espíritu de bulldog". Así lo ha hecho y, con la supervivencia del euro en juego, la tormentosa relación del Reino Unido con la Unión Europea ha terminado por quebrarse. El problema es que las dos partes pierden. Gran Bretaña, porque se convierte en un socio antipático que cada vez tendrá menos influencia en las decisiones comunitarias, y la Unión, porque se aleja definitivamente la posibilidad de que la libra se integre algún día en el euro. Con ello, una de las economías más poderosas del continente, que destaca por su notable capacidad financiera, se queda una vez más al margen de la moneda única.

Lo que ha llevado a Cameron por este camino ha sido su intención de preservar por encima de todo la vitalidad de una industria, la que bulle en la City londinense, fundamental para el país en un momento de grandes recortes en el gasto público. Pero lo que hay detrás es el viejo espíritu euroescéptico que subyace en la política británica desde que la Unión Europea dejó de ser un simple mercado común para avanzar por el camino de una integración política y económica de la que han hecho bandera, fundamentalmente, Alemania y Francia. Después de años de tiras y aflojas, en los que incluso hubo un primer ministro, Tony Blair, que llegó a pensar en la posibilidad de someter a referéndum una hipotética integración en el Euro, el Reino Unido ha terminado por apartarse definitivamente de esa ruta.

Pero "ni contigo ni sin ti", como dice la canción. Ni con la Europa del euro por las razones mencionadas, ni sin ella, porque existe otra parte de la economía que llevaba años intentando convencer a las autoridades británicas de la necesidad de integrarse en la moneda única. En los momentos de mayor esplendor del euro, alguna gran empresa automovilística amenazó incluso con abandonar el país si no se contemplaba la incorporación como una opción a medio plazo.

El antecedente del "cheque británico"

No se puede decir que Cameron no lo haya intentado. Consciente de la situación que afronta, quiso negociar hasta el final con Merkel y Sarkozy. Y con indisimulada dureza: "Cuanto más nos pidan los países de la eurozona, dijo, más pediremos como compensación". Su intención era conseguir algo similar a lo que su antecesora en el cargo, la también conservadora Margaret Thatcher, obtuvo con el llamado “Cheque británico”, una garantía de devolución de dos tercios de lo que ese país aporta a las arcas comunitarias al no beneficiarse de la Política Agraria Común. Ocurrió en 1984, en medio de otra crisis económica, y Francia ha sido el país que más ha sufrido las consecuencias de aquella concesión a la 'Dama de hierro'. París lleva años intentando revertirlo al considerar que el Reino Unido, como país rico que es, debía ser un aportador neto, especialmente tras la incorporación de los países del Este que han reducido notablemente la riqueza de la Unión.

Todo esto debió estar en el ánimo de Sarkozy cuando no tuvo ningún reparo en espetarle al británico, hace algunas semanas, que había perdido una buena oportunidad para callarse, "estamos hartos de que nos digan lo que tenemos que hacer”, le dijo al Premier británico, "ustedes dicen que odian el euro y ahora pretenden meterse en nuestras reuniones".

El órdago de Cameron le hace quedar mal con Europa y está por ver también las consecuencias que tendrá en su propio país. No hay que olvidar que, a pesar de la debilidad de los laboristas, no consiguió la mayoría absoluta en las elecciones de mayo de 2010 y se vio obligado a formar un gobierno de coalición con el partido Liberal Demócrata, que históricamente ha sido el más pro europeo. Y no hay que perder de vista a la oposición laborista encabezada por Ed Miliban, que acusó a Cameron de haber dejado al país al margen de la cumbre comunitaria más importante de los últimos tiempos.

Entre la añoranza de la implacable capacidad negociadora de Margaret Thatcher, cierto debilitamiento de la alianza trasatlántica con Estados Unidos y la pujanza del eje franco-alemán, al primer ministro británico, David Cameron, le esperan tiempos difíciles.

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