Domingo 23/06/2019.

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UNICEF llama a combatir la "desesperanza" de los niños en Líbano con programas de fondo y a largo plazo

Líbano apenas tiene cuatro millones de habitantes, pero alberga a 1,5 millones de refugiados sirios y a más de 200.000 palestinos. Esta particularidad obliga a las agencias humanitarias a desarrollar esfuerzos combinados con los que brindar ayuda de emergencia a diversos colectivos vulnerables y, al mismo tiempo, buscar enfoques a largo plazo con los que combatir la "desesperanza".

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) atendió en 2018 a más de un millón de niños en situación de pobreza --se estima que hay 1,4 millones en total--, en el marco de una labor que incluye programas en materia de salud y nutrición, educación, protección infantil, preparación frente al invierno y atención psicosocial, entre otros.

La responsable de comunicación de UNICEF en Líbano, Raquel Fernández, ha reconocido la "complejidad" de los trabajos y ha advertido de la necesidad de atender a unos niños que en muchos casos no conocen otra cosa más que la guerra y el exilio. Así, ha destacado la importancia que tuvo prestar ayuda psicológica a niños recién llegados de Siria con una mirada "realmente aterradora".

Para estos refugiados, así como para los palestinos --herederos en su inmensa mayoría de la gran ola refugiados de hace más de medio siglo-- y los libaneses, el objetivo pasa por tener "un futuro". "Que no crezcan en la desesperanza y con heridas que no se puedan curar nunca", ha defendido Fernández durante un encuentro con periodistas.

Con esta premisa nacen programas como los dedicados a la protección infantil, enfocados en prevención y detección de casos de violencia, abuso y explotación, o los de desarrollo de jóvenes y adolescentes, con los que se intenta por ejemplo dotarlos de una formación profesional que les permita ganar autosuficiencia y romper la espiral de abandono.

Fernández ha explicado que se trata de iniciativas a largo plazo en las que es necesario un enfoque "integral", con participación también de otras organizaciones y autoridades, tanto nacionales como locales. En este sentido, ha admitido que cuestiones como el matrimonio infantil "no se cambian en meses" y los logros pasan por tejer una red de concienciación a todos los niveles.

MOTIVAR A LOS JÓVENES

La portavoz de UNICEF ha apuntado que, en el caso de la capacitación laboral, es clave enganchar a los adolescentes y jóvenes ofreciéndoles una perspectiva de futuro. "No puede ir lo uno sin lo otro. No podríamos tener un programa de ayuda a jóvenes si no están motivados", ha alegado durante el encuentro, en el que ha destacado la importancia de este salto no solo a nivel personal, sino también para aprovechar el potencial socieconómico de un país.

Así, ha puesto como ejemplo una reunión reciente en la que nueve de los beneficiarios de este programa explicaron a otros 300 sus propias experiencias, "para animarles a sumarse". UNICEF cuenta con casos de éxito, como el de una joven de 19 años que ha roto barreras al convertir su afición al fútbol en una forma de vida, creando una academia únicamente para chicas que cuenta ya con 17 alumnas.

Fernández ha citado también el caso de una adolescente de 17 años que construyó en un taller de madera el prototipo silla-mesa convertible. La organización internacional la ayuda ahora con un plan de negocio que también podría traducirse próximamente para ella en la fundación de su propia empresa.

EDUCACIÓN

La apuesta de UNICEF por la educación pasa por garantizar que todos los niños vayan a clase, lo que incluye medidas que van desde pagar las tasas de escolaridad para quien no puede permitírselo --420.000 niños se beneficiaron de estas ayudas en 2018-- a capacitar a profesores e instaurar varios turnos en las escuelas para atender todas las necesidades.

"Un niño es un niño", ha recalcado Fernández, quien ha apelado a uno de los lemas históricos de UNICEF para incidir en que, en el caso de Líbano, es necesario atender las necesidades de todos los menores de edad vulnerables, independientemente de su origen o lugar de residencia actual. Así lo estipula la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado internacional más ratificado de la historia gracias a sus 195 firmas.

El campamento de Burj Barajneh acoge a la mayor población de refugiados palestinos de la capital libanesa, Beirut, y alberga el Centro Fraternidad, donde los niños pueden asistir cuatro horas al día y cinco días a la semana a unas clases que de otra forma no podrían recibir. Supone para muchos de estos menores un primer paso educativo y, para otros, la oportunidad de reengancharse.

"Me perdí dos años de escuela, pero llevó aquí seis años ya", cuenta Batool, una joven de 16 años, y que por su condición familiar no habría podría permitirse pagar una escuela privada. "Esta era mi única oportunidad para aprender y me encanta", explica esta adolescente en declaraciones a UNICEF.

Batool no solo adquiere conocimientos educativos básicos, sino que también toma conciencia de que otro futuro es posible. "Ya he tenido una propuesta de matrimonio", pero "sé que si me caso no podría seguir yendo a clase y sé que sería un error", arguye. Sus padres la apoyan en este camino.

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