Udo Eling ha celebrado el fin de año con una pequeña cena romántica entre Merkel y Sarkozy en la cadena alemana ARD. No es Casablanca donde el amor corría por los poros de los protagonistas, y al final el héroe debe dejar escapar a su amada mientras recuerda su canción al piano y hace amigos en la derrota. Aquí se ha usado el filme Cena para Uno, una producción de la NDR de 1963 que los alemanes suelen ver esta noche del año.
Lo curioso esta vez es que la nonagenaria es Merkel (¿va con segundas a tenor de las malas artes con las que Berlusconi habló de ella?) y la cena es una Cumbre (otra más, la número noventa, que ya sueña a broma mordaz en un año plagado de cumbres que sirvieron para poco). Ahora no es Merkel esa mujer que ha sobrevivido a todos los que han acudido a su cena (aquí no se sabe si Merkel y Sarkozy celebrarán muchos sin perder elecciones, que todo puede pasar), sino que Merkel encarna a esa mujer que por ahora achicharra políticos (Berlusconi, Zapetero, Papandreu, Sócrates...) mientras ella, la ama de Europa aguanta en el machito.
Sarkozy es el único que aguanta a su vera en la cena también y ya no es un tigre (aquí la referencia a Berlusconi es clara, se creía un tigre en todos los sentidos y no lo era en ninguno...) tal y como le recuerda Merkel. Ya no hay nadie en las cena Cumbre porque los que han acudido se han tirado por la ventana (el caso de Cameron, que va a tardar poco en hacerlo en todo lo que se refiere a la UE, serviría de ejemplo. Así Merkozy se lo guisa y se lo come, aunque a Sarko, tan hombretoón el, también le duele la ausencia de su amigo ZP y de alguien más con el que poder intentar demostrar que aún tiene poder y no es, como dice el vídeo y algunas lenguas en Francia, un pelota. Al final Sarko cede y sirve a Merkel como buen criado. Piensa en el rating, le dice ella. Está claro que no es amor lo que hay entre ellos, está claro que hay parodias que erizan la piel. La realidad, aveces, puede ser peor que un sketch con mala baba.





