Martes 11/04/2017.

Mundo

Salazar, el dictador austero que conversaba con Franco en portugués y gallego

  • El profesor Antonio de Oliveira Salazar dirigió Portugal durante casi cuatro décadas creando un estado corporativista que dirigió con guante de hierro hasta que un accidente doméstico le dejó incapacitado para gobernar.
  • Durante los años que permaneció con vida, sus cuidadores le hicieron creer que aún seguía dirigiendo el país. 


    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:
  • Deja tu comentario
  • El himno de la revolución de los claveles revive para denunciar la austeridad El himno de la revolución de los claveles revive para denunciar la austeridad EFE

Antonio de Oliveira Salazar nació en 1889 en Vimeiro, un pueblecito costero de la Beira Alta. Hijo de una familia de agricultores, ingresó a los once años en el seminario de Viseu para poder estudiar y llegó a tomar órdenes menores. Gracias a la ayuda económica de su madrina pudo dejar los hábitos y marchar a Coímbra a estudiar Derecho, licenciándose con brillantez y llegando a ocupar la cátedra de Economía Política poco después de doctorarse. Por entonces el perfil del futuro dictador era el de un hombre seco y austero hasta el ascetismo, de vida piadosa y soltería “recalcitrante”, según lo describe el historiador Stanley Payne. Su entrada en la política fue a través de los movimientos cristianos, donde demostró cierta facilidad para la doctrina política, siempre dentro de su visión conservadora, nacionalista y corporativa.

En 1926, debido a su reconocimiento como catedrático y político conservador sería llamado por la dictadura para ocupar el Ministerio de Economía pero dimitiría a los pocos días al verse atado de pies y manos para llevar a cabo las reformas que quería. Hacia 1927, con Portugal inmerso en una profunda crisis económica, Salazar adquirió cierto reconocimiento por una serie de artículos de índole económica publicados en el diario católico ‘As Novidades’, donde analizaba con minuciosidad los problemas de las cuentas públicas del Estado.

Ante su inoperancia en tareas económicas, los militares volvieron a llamar a Salazar en 1928 para que se pusiera al frente de la cartera de finanzas, logrando esta vez notables poderes que lo convirtieron en una especie de ministro acorazado con enorme capacidad de decisión. Sus medidas de reajuste no serían agradables y él mismo las describiría como “la ascensión dolorosa de un calvario”. Fue tan riguroso y exigente en sus premisas que pronto logró resultados, logrando el superávit de las cuentas públicas y convirtiéndose en una especie de gurú de la regeneración política del país.      

Bajo el Gobierno del General Domingos de Oliveira, Salazar empezó a dar contenido ideológico a su proyecto de Estado Novo y en 1932 alcanzó el poder tras una crisis institucional que terminó con la dimisión de varios primeros ministros. Por entonces Salazar ya había consolidado su proyecto de Estado Novo, una especie de estructura corporativa asentada sobre un estado fuerte, más integradora que exclusivista, alejada de la glorificación del fascismo y acotada dentro de unas premisas católicas, conservadoras y patrióticas. “El Estado Novo fue una dictadura anacrónica, que mantenía una extraña propensión a evolucionar hacia el pasado y que no reparaba en medios para tener controlada a la población. Y encima de todo esto, lejos de proporcionar el bienestar económico que proclamaba, mantenía a la población portuguesa en la más absoluta pobreza y miseria”, explica Diego Carcedo, periodista y escritor español que trabajó en Lisboa como corresponsal de RTVE durante la revolución. 

A los portugueses no les molestó demasiado la existencia de un partido único, la Unión Nacional – bastante heterogéneo –, cansados como estaban de la inestabilidad política de quince años de República. En 1933 se promulgó una nueva Constitución que proclamaba la primera república corporativa del mundo y un sufragio restringido a varones alfabetizados o que pagasen 100 escudos de impuestos y mujeres con secundaria o que pagasen 200 escudos de impuestos al año. En la práctica, de un censo de siete millones podían votar 1,2 millones, aunque tampoco servía de mucho porque el primer ministro era escogido unilateralmente por el presidente y era a éste a quien rendía cuentas y no a la Asamblea Nacional.

El profesor Salazar condujo la dictadura de un modo autoritario y personalista, dotándola de sus propias cualidades. “Salazar era un hombre muy beato, de ideas fijas y gran austeridad que se comportaba de un modo paternalista, tratando de proteger a los portugueses del pecado, con un puritanismo que no respondía a su propia conducta, tal y como se supo después, pues vivió amancebado durante muchos años con su ama de llaves”, asegura Carcedo, autor del libro ‘Fusiles y claveles’, una crónica de la revolución portuguesa.

Salazar se mantuvo en el poder durante 36 años manteniendo su espíritu mesiánico y logrando méritos notables como la bien medida ‘neutralidad proaliada’ de Portugal durante la Segunda Guerra Mundial, que le permitiría ingresar en la OTAN en 1949 pese a tratarse de un régimen autoritario, el único que integraría la Organización. Cuando la guerra estaba casi decidida Salazar puso a disposición de los aliados las Azores como base aérea, una concesión que le reportaría grandes beneficios. Otra de sus señas de identidad fue un marcado carácter imperialista, que le llevaría a mantener sus colonias como parte indisociable de la identidad de la nación, pese a que ello le llevaría a librar costosísimas guerras coloniales en continentes remotos como Oceanía, donde Portugal mantenía una de sus siete colonias, Timor Oriental.

Salazar y España

Una de las máximas políticas de Salazar fue aislarse, en la medida de lo posible, de la conflictiva política europea concentrándose en sus intereses atlantistas, fruto de su alianza permanente con Gran Bretaña, y en su política colonial, para lo cual debía asegurar su frontera oriental a través de unas relaciones fraternas con España. Con la misma prudencia con la que manejaría después su neutralidad en la Segunda Guerra Mundial, Salazar apoyó con cautela la causa nacional en la Guerra Civil española. Su afinidad ideológica con Franco era evidente pero no quería implicarse demasiado en la contienda para no tener que pagar peajes inmediatos si la guerra se decantaba del lado republicano. Sin embargo, a medida que se desarrollaba la guerra su apoyo se hizo más abierto y el apoyo diplomático y sobre todo, las facilidades logísticas y de transporte que supuso el territorio portugués para los aliados fue determinante en el resultado de la guerra. Además, 18.000 voluntarios portugueses se alistarían en las filas nacionales, con un resultado de 8.000 muertos al final de la guerra.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la alianza de Portugal con Inglaterra y los coqueteos de España con el nazismo hicieron temer a Salazar por un intento de anexión por parte española, aunque al final de la guerra las relaciones volvieron a estabilizarse dentro de una desconfianza mutua perfectamente disimulada. Ambos dictadores veían al otro taimado y poco claro, si bien Portugal fue el único destino extranjero de Franco durante los casi 40 años de dictadura. Según se ha dicho, ambos se entendían bien, hablando uno en portugués y el otro en gallego.

 Represión y fin del régimen

El aparato salazarista llevó a cabo una represión de los elementos disidentes del régimen, que no fue ni tan dura ni tan abundante como las que llevaron a cabo otras dictaduras parecidas, como la española – si bien en Portugal no hubo una guerra civil previa a la dictadura –. La represión fue mayor antes de 1945, en la etapa de consolidación del régimen y mucho menor después, cebándose especialmente con los comunistas. “La dictadura de Salazar fue civil y no militar y por esto fue quizás menos cruenta pero igualmente férrea. Quizás no fusilaba tanto pero sí encarcelaba a los disidentes y secretamente, también asesinaba. Ahí está el caso de Humberto Delgado, que intentó presentarse libremente a las elecciones ante el candidato patrocinado por Salazar y tuvo que exiliarse. Posteriormente le engañaron para que regresara y le quitaron la vida cerca de la frontera de Badajoz”, asegura Diego Carcedo.

El fin del régimen de Salazar fue absolutamente fortuito y vino a partir de un accidente doméstico durante sus vacaciones en Estoril. Según parece, el dictador cayó de su silla y se llevó un fuerte golpe en la cabeza, lo que le habría dejado secuelas que afloraron quince días después. El 6 de septiembre de 1968 fue operado de urgencia y tras un mes de convalecencia sería apartado del gobierno y declarado incapacitado. Antonio de Oliveira y Salazar moriría dos años después, en 1970. Durante aquel tiempo, refugiado y asistido en un fuerte de Estoril, sus cuidadores mantuvieron la farsa de que aún dirigía el país.

A Salazar le sustituyó Marcelo Caetano, que aguantaría en el poder seis años, los mismos que se mantuvo en pie el régimen salazarista. Pese a la larga dictadura que encarnó, una reciente encuesta organizada por la Radio Televisión Portuguesa sobre los grandes portugueses de la historia colocó a Salazar como el preferido de los votantes, por delante del líder comunista Álvaro Cunhal y el diplomático Arístides de Sousa Mendes, considerado el Schlinder portugués.  


Seguir a teinteresa en...

KIT BUENOS DÍAS (El mejor resumen de prensa en tu mail)

Recibir noticias
    • Facebook (Me gusta)
    • Tweetea!
    • Google Plus One
  • Compartir:
  • Deja tu comentario

Kit Buenos Días

Abril 2017
Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2
3 4 5 6 7 8 9
24 25 26 27 28 29 30