Sábado 19/01/2019.

Mundo

El Partido Demócrata se expone a una saturación de candidatos a las elecciones de 2020

Más de una veintena de potenciales nominados esperan la criba de las "primarias invisibles" que realizarán las élites del partido

Con el anuncio esta semana realizado por la senadora Kirsten Gillibrand son ya seis los candidatos demócratas que han confirmado su presencia en la carrera a las elecciones de 2020, donde se enfrentarían con al menos una veintena de rivales pendientes de confirmar su decisión; un escenario que el Partido Demócrata quiere evitar a toda costa para que la persona que se enfrente el año que viene al actual presidente, Donald Trump, acuda al combate con un mensaje nítido.

El problema reside en que, hasta ahora, los demócratas no se han salido de la agenda marcada durante los últimos 30 años por el mismo mensaje base: "la creación de una sociedad que garantice un mínimo de cuidados públicos y proporcione igualdad de oportunidades".

Este es el mensaje con el que se han presentado tanto Gillibrand como los otros cinco candidatos ya confirmados: la senadora por Massachusetts Elizabeth Warren; el ex secretario de Vivienda Julián Castro; la congresista por Hawái Tulsi Gabbard; el militar retirado y ex senador por Virginia Occidental Richard Ojeda, y el ex congresista por Maryland John Delaney.

A ellos se sumarán con casi toda seguridad otros tres: el ex candidato a la Presidencia Bernie Sanders, la senadora por California Kamala Harris y el senador por Ohio Sherrod Brown. Y faltan todavía "los probables": el ex vicepresidente Joe Biden, el senador por Nueva Jersey Cory Booker; una de las grandes revelaciones electorales demócratas del año pasado, el candidato al Senado por Texas y congresista Beto O'Rourke, Amy Klobuchar, Terry McAuliffe, John Hickenlooper, Steve Bullock, Jay Inslee, Jeff Merkley, Mitch Landrieu, Pete Buttigieg y otra decena más.

"El gran problema al que se enfrentarán los votantes en las primarias demócratas será el de intentar distinguir a estos candidatos entre sí", estima el columnista del 'Washington Post' Paul Waldman. "Va a aparecer un escenario de candidatos muy grande y diverso, sí; pero al final solo van a contarnos sutiles variaciones sobre un mismo tema", ha avisado.

Un exceso de candidatos puede acabar paralizando la voluntad del votante, dispersar la atención de los medios y, peor todavía, ignorar importantes matices dentro de cada candidatura: Castro emite un mensaje más orientado a los inmigrantes mientras que Gillibrand apela a la sensibilidad de las madres de raza blanca, dos sectores de gran incidencia en las elecciones de 2016. El primero por su abstencionismo y las dificultades que se les impusieron para votar. El segundo, por el apoyo mayoritario que concedieron a Donald Trump. Y el tiempo corre: los 'caucus' de Iowa, la primera gran prueba para todos, está a un año de distancia, el 3 de febrero de 2020.

PRIMEROS PASOS, PRIMARIAS INVISIBLES

Hasta cierto punto y en este momento de la carrera, es normal que los candidatos proclamen una declaración de intenciones en lugar de un mensaje definido. De ello se encargará el liderazgo del Partido Demócrata.

Son las llamadas "primarias invisibles", donde las élites del partido y los grupos de interés expresan su respaldo a través de donaciones a determinadas campañas para aumentar la visibilidad del candidato o candidata en cuestión. Y una vez se consolida una campaña económicamente competitiva, llega el momento de recomendar de viva voz y públicamente la candidatura.

Es algo común a ambos partidos y el juego de poder entre bambalinas que va a ocurrir desde ahora y hasta las Navidades de este año, aproximadamente. Los candidatos "cortejarán" a élites, donantes y votantes por igual, exponiéndose a riesgos conocidos, como el de tener que modificar su mensaje para conseguir los fondos, y desconocidos, como la posibilidad de que el partido tenga un candidato en mente desde el principio.

El desafío concreto al que se enfrentan los demócratas es el de no repetir bajo ningún concepto las catastróficas primarias de 2016, en las que Bernie Sanders emergió como un rival de altura desde las bases a la candidatura "oficialista" representada por Hillary Clinton -- hasta el punto de que el entonces presidente de EEUU, Barack Obama, tuvo que recomendar a Sanders que se apartara de la carrera --. Sanders acabó humillado y Clinton debilitada al asumir definitivamente su rol de candidata continuista y heredera del sistema, el talón de Aquiles que Trump y su equipo aprovecharon para reventar su campaña.

Frente a ello, los demócratas parecen apostar ahora por una candidatura más abierta y a la expectativa de las reacciones iniciales, dado que existe un escenario que amenaza con repetir lo sucedido hace tres años: que Sanders vuelva a presentarse (las encuestas le dan entre un 12 y un 18 por ciento de apoyo), y que el ex vicepresidente Biden confirme las sospechas de su candidatura (entre un 19 y un 33 por ciento de respaldo).

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