Viernes 13/03/2020.

Mundo

Un año después del ciclón Idai, 2,5 millones de personas en Mozambique siguen necesitando ayuda humanitaria

Un año después de que el ciclón Idai tocara tierra en Mozambique y desencadenara una serie de desastres relacionados con el clima sin precedentes, 2,5 millones de personas, casi la mitad de ellas niños, siguen necesitando ayuda humanitaria. Más de 3.000 niños menores de cinco años han sido diagnosticados con desnutrición severa aguda –que puede ser mortal- después de que las cosechas se perdieran en las inundaciones. Estos niños son la prueba de que las principales víctimas de la crisis climática son los pobres y los más jóvenes.

 

Aunque Mozambique apenas contribuye al calentamiento global, el país ha experimentado múltiples emergencias relacionadas con el clima en los últimos 12 meses. El 14 de marzo de 2019 el ciclón Idai golpeó la ciudad portuaria de Beira y localidades de las provincias vecinas Sofala y Manica; zonas enteras, incluidas tierras agrícolas, quedaron bajo el agua. Solo seis semanas después, el ciclón Kenneth golpeó la provincia norteña de Cabo Delgado con vientos de más de 200 kilómetros por hora. Asimismo, el sur del país ha sufrido severas sequías, con graves consecuencias para la agricultura y la seguridad alimentaria. Todos estos impactos han dejado a las familias exhaustas y con sus medios de vida diezmados. Se estima que 1,6 millones de personas no tienen alimentos suficientes para comer.

 

El país ocupa uno de los puestos más bajos en el Índice de Desarrollo Humano (180 de 189 países), con más del 46% de la población viviendo bajo el umbral nacional de la pobreza. Esta pobreza profunda dificulta a las familias ser resilientes por sí mismas, y cada año, con impactos nuevos y más fuertes, les resulta más complicado recuperarse.

 

“UNICEF y otras agencias humanitarias se están preparando para el hecho de que estos fenómenos meteorológicos extremos ocurrirán de manera más frecuente y agresiva en Mozambique”, asegura Katarina Johansson, representante interina de UNICEF en el país. “Por lo tanto, nuestro trabajo de reconstrucción incluye elementos para lograr que la población afectada sea más resiliente ante futuros desastres naturales”.

 

Como uno de los pasos hacia la creación de esa resiliencia –resistencia y capacidad de recuperación-, UNICEF está apoyando la descentralización de los servicios sanitarios a través de brigadas de salud móviles. Los paramédicos utilizan motos y bicicletas como medio principal de transporte para llegar a los niños de las zonas más remotas. Con el apoyo y la formación de UNICEF, casi 1.700 de estas brigadas están activas en las comunidades. Gracias a su trabajo se ha evaluado el estado de 653.000 niños menores de cinco años para comprobar si tenían desnutrición severa aguda, y se han salvado las vidas de miles de ellos porque se les ha podido proporcionar aliento terapéutico y tratamiento médico adecuado.

 

Además, UNICEF y sus aliados están dando apoyo a los niños con discapacidad, a los que proporcionan apoyo psicosocial, sustituyen sus dispositivos de asistencia y ofrecen programas de rehabilitación comunitarios. Mil niños ya se han beneficiado de estas intervenciones, pero aún queda mucho por hacer para integrar plenamente a los niños con discapacidad en la recuperación ante desastres.

 

Los ciclones, inundaciones y sequías han comprometido las instalaciones de agua y saneamiento y han llevado a la propagación de enfermedades diarreicas como el cólera, frente a la que los niños son especialmente vulnerables. UNICEF y sus aliados lograron contener el brote de cólera tras ambos ciclones mediante la vacunación de más de un millón de personas y el rápido restablecimiento de los sistemas urbanos de agua (incluido uno en Beira que da suministro a unas 580.000 personas). Para ayudar a proteger a la población frente a futuros brotes de cólera y otras enfermedades transmitidas a través del agua, se han realizado las siguientes medidas: rehabilitación de 507 puntos de agua contaminados y construcción de otros 80; trabajos para controlar mejor la cloración del agua potable; distribución de 648.000 botellas de productos químicos para el tratamiento de agua en el hogar; y construcción de letrinas para 185.000 personas. UNICEF también ha instalado infraestructuras de agua, saneamiento e higiene para más de 61.000 personas en 34 reasentamientos.

 

UNICEF y sus aliados han garantizado la continuidad de la educación primaria en espacios de aprendizaje temporales tras los ciclones, por lo que ahora los esfuerzos se enfocan en la rehabilitación de centros educativos. Para ello se está utilizando el enfoque de “construir mejor que antes”, mediante el cual UNICEF y sus aliados garantizan que las infraestructuras dañadas –como escuelas o centros de salud- se reconstruyan de manera que sean más sólidas y capaces de resistir inundaciones y vientos fuertes cuando se produzca otro ciclón.

 

Gracias a sus socios y a sus donantes públicos y privados, UNICEF –bajo el eficaz liderazgo del gobierno mozambiqueño y en estrecha colaboración con organizaciones de la sociedad civil- ha sido capaz de llevar a cabo una respuesta masiva al desastre y savar las vidas de miles de nios. Sin embargo, para proteger a los niños de futurusod desastres naturalse se necesitan más fondos para el trabaoj de reconstrucción actualmente en marcha, así como mas medidas de mitigación por pate delos omntamientante y la adaptación en países en desarrollo.

 

Notas a los editores:

 

El impacto del ciclón Idai también se notó en los países vecinos, Malawi y Zimbabue, donde hogares y medios de vida quedaron destruidos. En Malawi, UNICEF ha proporcionado ayuda a 731.879 personas afectadas por las inundaciones, incluidos 219.195 niños. El gobierno de Malawi ha aprobado recientemente la Estrategia Nacional de Resiliencia, por lo que UNICEF trabaja ahora con aliados, tanto a nivel nacional como de distrito, para apoyar los trabajos de resiliencia de las comunidades afectadas.

 

En Zimbabue el ciclón agravó la ya precaria situación humanitaria, ya que afectó a 270.000 personas, 129.600 de ellas niños. UNICEF ha proporcionado ayuda a mujeres y niños mediante vacunas, servicios de protección infantil, acceso a agua segura, educación básica, y tratamiento a personas con VIH/SIDA en las zonas afectadas de la provincia de Manicaland. 


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