Martes 17/07/2018.

Mundo

Hungría vota este domingo en unas elecciones en las que Orban parte como favorito

El 46% de los húngaros quieren un cambio aunque parece poco probable que logren evitar una mayoría del primer ministro

El primer ministro húngaro, Viktor Orban, y su partido nacionalista conservador Fidesz se encaminan a su tercera victoria consecutiva este domingo, pero podría ser menos abultada de lo que se preveía hace tan solo unas semanas. ¿El motivo? Los húngaros que quieren un cambio tras ocho años de Orban están barajando optar por el voto táctico para privar a Fidesz de la mayoría de dos tercios.

Aunque los sondeos y los expertos coinciden en que la continuidad de Orban está prácticamente asegurada, lo que le convierte en el segundo líder europeo que más lleva en el cargo por detrás de Angela Merkel, la movilización en las últimas semanas de muchos ciudadanos ante lo dividida que está la oposición en Hungría podría privarle de gobernar a su antojo los próximos cuatro años.

Y eso que Orban se ha esforzado por diseñar un sistema electoral que beneficie a su partido, empezando por la distribución de las circunscripciones y pasando por facilitar el voto por correo de las minorías húngaras en los países vecinos, que tradicionalmente votan Fidesz, al tiempo que a los húngaros en otros países del extranjero, más cercanos a la oposición, se les exige ahora acudir a una embajada o consulado a votar.

El actual sistema electoral, que suprimió la opción de la segunda vuelta que facilitaba aunar fuerzas, prevé la designación de 106 escaños mediante votación directa por circunscripciones y otros 93 mediante el voto por listas a nivel nacional. El hecho de que en las circunscripciones el escaño vaya a parar al candidato más votado beneficia a los grandes partidos, teniendo en cuenta además que los votos que le 'sobran' para conseguir dicho escaño se suman a los obtenidos a nivel nacional.

Los últimos sondeos han mostrado una caída de Fidesz. Los de Orban contarían con el respaldo del 47 por ciento de quienes están decididos a votar este domingo, mientras que la segunda fuerza sería Jobbik, que ha moderado su discurso ultraderechista en los últimos tiempos, con el 19 por ciento, seguido por los socialistas, con el 13 por ciento, según un sondeo de Zavecz Research.

Según este 'think tank' húngaro, el 46 por ciento de los húngaros quiere ver un cambio en el país frente al 40 por ciento que quiere que Orban siga al frente de Hungría. Este hecho, y el éxito logrado el pasado febrero en las elecciones municipales de Hodmezovasarhely, bastión de Fidesz donde la designación de un candidato único por la izquierda y Jobbik culminó con la victoria de este último, han hecho surgir numerosas iniciativas que buscan promover el voto táctico.

VOTAR POR EL CANDIDATO OPOSITOR CON MÁS OPCIONES

Así, han proliferado los sondeos de los que han surgido listas con los candidatos más fuertes en los distritos más contestados, con el fin de facilitar a los votantes que no quieran respaldar a Fidesz el que puedan depositar su papeleta a favor de quien tenga más opciones de ganar para arrebatar escaños al partido gobernante.

Este tipo de iniciativas parecen estar calando entre los votantes ya que, según un sondeo de Zavecz Research de marzo, un tercio de los votantes de Jobbik se mostraban dispuestos a votar por candidatos de la izquierda, frente al 19 por ciento que se posicionaban de este modo en febrero. Por su parte, los votantes de izquierda se mostraban aún más entusiastas con respecto al voto táctico, ya que el 43 por ciento afirmaba que podría votar por Jobbik si fuera necesario, frente al 39 por ciento de un mes antes.

Otro factor que podría ayudar a que la oposición arañe respaldos a Orban es el de la participación. Según los expertos, si esta se sitúa por encima del 70 por ciento, significaría que la oposición habría logrado la movilización del electorado, aunque también podría dejar fuera a algunos pequeños partidos, que se quedarían por debajo del umbral del 5 por ciento necesario para obtener representación parlamentaria.

El consejo que se está dando a quienes no quieren otros cuatro años de Orban de cara a este domingo es claro: deben votar por el candidato con más opciones que no sea de Fidesz a nivel de distrito y por su partido favorito a nivel nacional. Habrá que esperar al resultado para comprobar si esta movilización ha surtido efecto.

POLÍTICA NACIONALISTA Y CONTRA LA INMIGRACIÓN

Un nuevo mandato permitirá a Orban seguir con su política nacionalista, que tantos apoyos le ha granjeado dentro del país, pero que a nivel europeo ha generado una gran suspicacia. El primer ministro húngaro ha hecho de la lucha contra la inmigración su principal caballo de batalla, cerrándose en banda junto al resto de miembros del Grupo de Visegrado a la acogida de refugiados llegados a Italia y Grecia.

Desde la crisis migratoria de 2015, que empujó a Orban a construir vallas en sus fronteras con el fin de frenar el paso de migrantes y refugiados cuyo destino final era el norte de Europa, el mandatario no se ha cansado de denunciar que Hungría está sufriendo una "invasión" que pone en juego la cultura cristiana europea.

"Europa está siendo invadida. Si permitimos que ocurra ahorra, en la próxima década o dos decenas de decenas de millones partirán hacia Europa desde África y Oriente Próximo", sostuvo en un acto en marzo.

"Los húngaros son una especie en peligro. Somos una comunidad que, una vez que cometa un error en una elección, puede encontrarse en serios problemas", previno en otro acto, advirtiendo así del riesgo que supondría votar por la oposición, a la que acusa de tener una política migratoria en línea con otros países de la UE.

Asimismo, ha dejado claro que si este domingo los húngaros toman "la decisión equivocada", "el crecimiento de la economía húngara se paralizará". "El motivo por el que no queremos convertirnos en un país de inmigrantes no es solo porque eso traería terrorismo y delincuencia, y expondría a nuestras mujeres e hijas al peligro, sino también porque nuestra identidad cultural se vería debilitada y se evaporaría gradualmente", sostuvo en una entrevista radiofónica, repitiendo así un mantra que ha usado reiteradamente en los últimos tres años.

El creciente euroescepticismo del primer ministro húngaro ha convertido a su país en un socio incómodo para el bloque, especialmente para los grandes países, y no parece que vaya a cambiar.

En opinión de Josef Janning, del European Council on Foreign Relations, "Hungría probablemente mantendrá su enfoque de debilitar a la UE para evitar que la organización interfiera en las políticas nacionales". "La obstrucción seguirá siendo una táctica importante para Budapest mientras trabaja para lograr la atención o, conseguir concesiones, de otros estados miembros", añade este experto. "No obstante, Budapest intentará evitar morder la mano que le da de comer, especialmente en relación con los flujos financieros", avanza.

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