Lunes 05/11/2018.

De la mano de Andrés Arturo, que estuvo allí 40 días

Mundo

Entramos en 100 y Aldabó, la peor cárcel de Cuba donde está Ángel Carromero

  • La táctica de esta cárcel según Andrés Arturo, es la de mantener al detenido en condiciones muy precarias.
  • Las celdas están diseñadas para sentir un calor insoportable en verano y un frío igualmente extremo en invierno.
  • A veces ofrecen, amablemente, agua fría después de la comida y lo primero que te advierten otros presos más viejos en 100 y Aldabó es que no la aceptes.
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  • Andy P. Villa
  • Libro de Andy P. Villa 'Memorias de 100 y Aldabó'

Andrés Arturo, conocido como Andy P. Villa, ha sufrido en sus propias carnes la odisea de vivir 40 días en la cárcel de 100 y Aldabó, la misma en la que se encuentra recluido el español Ángel Carromero. Andy lo relató en su libro, recién publicado en España: "Memorias de 100 y Aldabó, la Prisión más Temible de Cuba", y ahora se pone en la piel del político español de la mano de TeInteresa.

“En el caso de Ángel Carromero la situación se complica, porque el régimen necesita que les exculpe de los rumores de asesinato de Oswaldo Payá y que, de paso esto sirva para mostrar una imagen de víctima ante los enemigos externos que conspiran contra la Revolución". Además, está de por medio el factor "tiempo", ante las presiones internacionales, tanto diplomáticas como mediáticas.

Todo ello le hace pensar a Andy que  “Ángel esté probablemente sometido a una presión mayor de lo normal, que esté siendo extraído de su celda varias veces al día, a cualquier hora, para ser conducido a los cuartos de instrucción y ser presionado por los mejores oficiales que tienen en el arte de intimidar y persuadir”. Todo ello pese a que el español ha declarado que se encuentra bien y está siendo tratado de forma respetuosa.

En esta cárcel hay torturas físicas y psicológicas

 “La táctica que se usa en 100 y Aldabó para obtener información es la de mantener al detenido en condiciones muy precarias, que incluyen torturas físicas y psicológicas, esperando que no las soporte y esté listo para declarar lo que a ellos les conviene, sin importar mucho si es la verdad o no”, señala Andy.

“Es habitual que estos interrogatorios se realicen a muy bajas temperaturas, en un cuarto pequeño con un aire acondicionado muy potente, donde el instructor tiene un buen abrigo y el preso está temblando, vestido con short y una camisa ligera sin mangas. Los cambios bruscos de temperatura y la exposición a bajas temperaturas son la forma más usada de tortura física el 100 y Aldabó sin dejar huellas”, relata.

“Aún recuerdo a Juana La Negra la más cruel de los interrogadores”

Andy recuerda vivamente los momentos que él vivió en 100 y Aldabó. Las caras y los nombres de sus carceleros aún están en su mente. “No me extrañaría que uno de sus interrogadores sea una oficial con los grados de Primer Teniente, de tez muy oscura y alrededor de 50 años, llamada Juana, a la que en una ocasión el Mayor Armando Freyre González, ex jefe de la Sección 7 de Delitos Especiales llamó como: "Juana la Negra", famosa por su capacidad para lograr mejores resultados que el resto de sus compañeros”.

“El tiempo en que Ángel no esté siendo intimidado, coaccionado y amenazado, estará en una celda de dos metros de ancho por tres metros de largo, totalmente tapiada y casi herméticamente cerrada, excepto por una ventanita formada por tres ranuras en forma de "V" invertida colocada al fondo de la celda como a dos metros de altura, y por la rendija que hay entre la puerta de la celda y el suelo”, describe sin dudar, al hablar de las celdas del lugar.

Las extremas temperaturas ponen a los reclusos al límite

Las celdas están diseñadas para sentir un calor insoportable en verano y un frío igualmente extremo en invierno. “Yo estuve en 100 y Aldabó en los meses de febrero, marzo y abril, estuve ahí en los días más fríos del año 2009 y era imposible dormir por la noche por la falta de ropa de abrigo, ya que solo teníamos una fina sábana medio roída”.

“Pero los días calurosos eran los peores. Hay presos se acuestan en el suelo sucio, sin camisa, para recibir un poco de frialdad, o una tenue brisa pegando la cara a la rendija inferior entre la puerta de la celda y el piso. Un infierno capaz de convencer a cualquiera de decir lo necesario con tal de salir de allí”, recuerda.

30 minutos de agua tres veces al día

Y el calor llevaba al ahogo, a la desesperación: “No sólo era el calor, sino su combinación con la humedad de la celda y la sensación de ahogo dentro de aquel espacio de seis metros cuadrados compartido con otras tres personas más, que debíamos permanecer acostados o sentados en las literas de hierro afincadas con cadenas a la pared, ya que por el estrecho pasillo entre las camas, de unos 60 centímetros de ancho, solo puede pasar una persona para dirigirse al "baño", que consiste en un espacio de un metro cuadrado en la parte izquierda delantera de la celda, con un hueco en el piso para depositar los excrementos y un tubo sobre el hueco, de donde sale un chorro de agua tres veces al día durante 20 a 30 minutos para bañarse, lavar algo, o beber agua.

“En algunas celdas esta salida de agua no tiene llave para ser regulada, por lo que sale el chorro de forma incontrolable mojando la cama inferior izquierda e inundando la celda. En otras es tan poca el agua que sale, que sus ocupantes deben concentrarse en recopilar toda la que puedan para beber o utilizarla en limpiar un poco el "baño" y mitigar el olor desagradable. Cada celda tiene por fuera una llave de paso para que los carceleros regulen el agua según su criterio, o la orientación que tengan de los instructores en el proceso de "convencimiento" del reo”, confirma Andy.

Cómo vivir con cuatro personas en seis metros cuadrados

La falta de intimidad, el espacio reducido, todo parece pensado para acabar con la paciencia del preso. “Recuerdo como máximo seis metros cuadrados y un volumen total inferior a los 18 metros cúbicos”

“La higiene es pésima en la celda”

“La higiene dentro de las celdas es pésima. Como utensilios de limpieza los guardias tienen, para todas las celdas del piso, una escoba vieja de 50 centímetros de largo que ya casi no tiene los pelos o fibras con los que se barre. Existe también un palo grueso que se usa para tratar de destupir la letrina en caso de que esté atascada. Lo más importante, tienen un pedazo de tela que se usa como frazada de piso para limpiar o para recoger el agua que se sale del baño e inunda la celda. Todos estos “útiles de limpieza” hay que solicitárselos con tiempo y en préstamo a los guardias, que los traen cuando se acuerdan, o cuando toque el turno detrás de otras celdas que están en cola para usarlos

Cuando ya la letrina no aguanta más de la mugre que tiene impregnada y el mal olor, se le puede pedir a los guardias que viertan un poco de ácido clorhídrico”.

“Nadie se fía de lo que come en la cárcel”

“La comida no es escasa, pero muy mal elaborada. Es común que huela a cucarachas o que sirvan alimentos raros o de dudoso contenido, como una vez que nos dieron un revuelto de huevo muy grasoso que parecía confeccionado con grasa no comestible. Nunca dan frutas o verduras, y el plato fuerte más común es una fritura de harina conocida como: "la frita asesina". A veces ofrecen, amablemente, agua fría después de la comida. Lo primero que te advierten otros presos más viejos en 100 y Aldabó es que no la aceptes, pues viene con una sustancia a la que llaman: "habla habla"” recuerda Andy, como si de una película se tratara.

Dentro de la celda está prohibido leer y escribir

Dentro de las celdas de 100 y Aldabó está prohibido leer ni escribir absolutamente nada, ni ningún tipo de juego o distracción, sin importar el tiempo que los seres humanos lleven aislados del mundo en estas mazmorras. “Están diseñadas para volver locos a los desdichados que están encerrados dentro de ellas y torturados psicológicamente, por lo que no puede haber nada que los distraiga, hasta que el preso no aguante más y se rinda, y termine diciendo y firmando lo que sabe... o lo que quiere escuchar el instructor”.

Lo único que se puede hacer durante las 24 horas del día es pensar, dormir, o hablar con los demás presos; excepto el tiempo en que se es trasladado para ser interrogado, o los minutos en los que se está comiendo, bañándose, o tratando de acumular agua para el resto del día.

Incomunicados salvo por la visita semanal de diez minutos de la familia

En esta cárcel se está totalmente incomunicado, excepto por la visita familiar semanal de diez minutos en presencia del instructor, o de la visita del abogado bajo la supervisión de un guardia a través de un cristal y en un cuarto lleno de micrófonos.

Por todos estos motivos Andy considera que Ángel Carromero  “puede haber sido amenazado con una larga condena por homicidio”









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