Miércoles 06/12/2017.

TESTIMONIO DE UN PERIODISTA DE ‘LE MONDE’

Mundo

Encerrado en una celda de dos metros y torturado por el servicio secreto sirio

  • Fue encarcelado sin ninguna razón durante más de tres semanas.
  • Le molieron a palos, le metieron en agua congelada y le amenazaron con ser violado.
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    Khaled recibió una llamada de una joven con acento iraquí el sábado 9 de abril de 2011, un día después de cubrir como periodista una gran manifestación para el diario francés ‘Le Monde’.

    La chica le pidió que se encontrasen en media hora porque tenía una información que le podría ser de utilidad. Cuando se reunieron en una cafetería, la joven, que dijo ser reportera de un diario de información de la oposición, comenzó a preguntarle por su trabajo como periodista y su nacionalidad.

    Su historia estaba bien trazada, pero Khaled, argelino que llegó a Siria por primera vez en 2004, sabía que los servicios de seguridad sirios utilizaban a prostitutas iraquíes como espías, por lo que le respondió con mentiras.

    Su maquillaje, su forma de hablar y la conversación, que pareció tornarse en un interrogatorio, le hicieron sospechar al periodista que estaba a punto de caer en una trampa. A pesar de eso, no se levantó y se fue porque quería saber cómo acabaría todo aquello.

    La conversación fue corta. Khaked ni siquiera se pudo terminar el café. Cuando le advirtió a la joven que debía tener cuidado con lo que le contaba porque ella no le conocía, la chica le espetó: “no, eres tú quien debe tener miedo de mí”.

    La joven se levantó y se dirigió hacia la salida mientras Khaled la seguía con la mirada hasta ver a siete hombres venir a por él. Le llevaron a su casa maniatado, se incautaron de todo su material informático y le trasladaron al cuartel general de los servicios secretos, donde fue interrogado con preguntas absurdas como si conocía Osama Bin Laden o si había estado en la Casa Blanca en su estancia en los Estados Unidos.  Tras recibir una fuerte paliza fue encerrado en un calabozo en el sótano del edificio, donde había más hombres retenidos.

    Durante los dos primeros días le sometieron a fuertes palizas, le metieron en agua congelada y le amenazaron con ser violado, cuenta el periodista en un testimonio recogido por el informe de 2011 ‘Un mundo torturador’ de la organización 'Acción Cristiana para la Abolición de la Tortura'.

     “Esas torturas tenían como objetivo humillar y aterrorizar, más que la obtención de información”, señala Khaled.

    El primer día sintió los alaridos de un hombre que estaban siendo cruelmente torturado y su corazón se aceleró. “Estaba paralizado por el miedo”, recuerda Khaled. Una hora después, un hombre abrió la puerta de su celda de forma estrepitosa, le lanzó un trapo para que se vendase los ojos y le condujo hasta la habitación desde donde habían salido los gritos. Se esperaba llegar a un taller de tortura con instrumentos de castigo sofisticados, pero cuando le quitaron la venda pudo comprobar que en aquella horrible habitación solo había una mesa alta de auscultación y dos cables.

    Un verdugo, visiblemente cansado, le hizo ponerse de rodillas para molerle a palos y le dijo que le contase “todo desde el principio”.

    Khaled empezó a contarle sus 40 años de vida desde el momento de su nacimiento. Durante su relato, el guardia se durmió. Cuando se despertó dio un golpe seco encima de la mesa para asutar a Khaled y le volvió a pegar.

    Pasó encerrado en una celda de 2m2 más de tres semanas, sin luz del día. Aunque Khelab asegura que lo que él padeció no es nada en comparación con lo que escuchó que sufrieron otros. Escuchaba los gritos cada vez más fuertes, hasta que los quejidos de hombres adultos parecían los de niñas pequeñas o se quedaban sin aliento.

    En una ocasión a uno de los retenidos, un hombre corpulento, lo llevaron a la sala de torturas. Sus gritos de dolor eran diferentes a los habituales, “más ahogados”. Khaled cree que fue violado o sometido a penetración anal con algo contundente.

    Al principio de su cautiverio el periodista hizo un esfuerzo por mantener la noción del tiempo. Contaba los días teniendo en cuenta el desayuno que recibía en su celda cada jornada, compuesto por aceitunas y un trozo de queso, pero comenzó a perderlo a las dos semanas.

    Tras casi 20 días comenzó a desmoronarse y a perder la esperanza de salir de allí. La gente arrestada durante las manifestaciones no solía pasar más de dos días detenida.

    “Si habían cometido la estupidez de meterme en prisión, no creía que fuesen a arriesgarse a soltarme para que pudiese contarlo todo”, pensó el periodista que estaba convencido que acabarían matándole.

    Decidió entonces ponerse en huelga de hambre para reclamar la asistencia de un abogado. Cuando el guardia le preguntó por qué no había comido, Khaled le respondió que “estaba deprimido”. El guardia no reaccionó a su respuesta. Seguramente estaba al tanto de que al día siguiente el periodista sería liberado.

    Khaled no se explica todavía por qué fue detenido durante tanto tiempo, por qué no fue juzgado, ni por qué no se le fue retirado su permiso de residencia en el país. Lo que sí sabe es que su liberación fue gracias a la presión que hizo la embajada de Argelia sobre los que le retenían, por la rapidez con la que le condujeron de repente a la embajada y por la amabilidad con la que trataron los agentes de los servicios secretos a los diplomáticos de la embajada cuando le dejaron allí.

    “Si no hubiese sido por eso, no sé qué hubiese pasado”, lamenta el periodista.

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