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"Un torpe en un terremoto", los gajes de un poeta metido a reportero

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"Un torpe en un terremoto", los gajes de un poeta metido a reportero "Un torpe en un terremoto", los gajes de un poeta metido a reportero

Javier Rodríguez Marcos, cronista cultural desde hace años, iba a cubrir el Congreso de la Lengua en Valparaíso en febrero de 2010, pero el terremoto que asoló Chile lo impidió. Como tenía billete, le enviaron a informar de lo ocurrido en esa catástrofe, experiencia que cuenta en "Un torpe en un terremoto".

Un libro que podría ser una más de las muchas crónicas periodísticas de grandes profesionales pero que se convierte en una delicia literaria por ser el que lo escribe un poeta, filólogo y redactor acostumbrado a desarrollar su trabajo en los suplementos culturales y las páginas de cultura del diario El País, y que se ve convertido para la ocasión en reportero de internacional.

Así, Javier Rodríguez Marcos (Nuñomoral, Cáceres, 1970) ha hecho de "Un torpe en un terremoto" (Debate) un relato escrito con humor y humildad, en el que una parte describe la crónica de esa catástrofe, un terremoto de 8,8 grados de intensidad en la escala de Richter que aunque no dejó muchos muertos, sí fue devastador.

Y otra parte, las páginas pares, en la que el protagonista, un antihéroe, escribe un libro de viajes y narra sus dificultades y sus vivencias con ojos de lector, reflexionando sobre la situación del periodismo.

"El libro surgió porque al editor, Miguel Aguilar, le gustaron las crónicas que mandé al diario y me dijo que si las podía ampliar, pero le dije que yo no era precisamente un experto, sino un torpe en un terremoto, alguien que, siendo de un ámbito, se ha metido en otro que no es el suyo", explica a Efe Rodríguez Marcos.

El viaje comienza con un billete a Buenos Aires y luego hasta Mendoza (Argentina) para después seguir en un autobús con el que el autor atravesó los Andes hasta llegar a Santiago. Todo ello mezclado con la ausencia de luz y comida, y un ordenador roto. Así se desarrolla esta crónica que se inicia en Madrid con la llamada de un jefe.

"Pensé que no, dije sí. La historia de mi vida 'Oye, viejo, ya que tenés billete, ¿por qué no te vas igual?' Era sábado. Era el jefe de internacional..." escribe Rodríguez Marcos en el libro.

Entonces, haber leído a Neruda o a Bolaño no le servía para todo lo que le esperaba, por eso el periodista se lanzó sobre guías, mapas, reportajes y toda clase de libros que pudieran calmar su nerviosismo y avidez, recordando a Kapuscinski (el libro está lleno de citas y referencias): "Para escribir una página, mil leídas".

El autor de poemarios como "Frágil", de ensayos como "Los trabajos del viajero: tres lecturas de Cervantes", quiere dejar claro que en el libro no hay nada inventado, porque la literatura tiene otro escenario.

"Por el periodismo no debe cruzar nunca la ficción. La narrativa es útil para escribir, pero muchas veces se identifica narrativa con ficción, y esa es la barrera que no hay que cruzar. El periodismo riguroso solo puede llegar a la verdad a través de los datos. Con Bin Laden o con el caso Strauss-Kahn sólo nos valen los datos", subraya el autor.

Rodríguez Marcos, que estudió filología y que por encima de todo se considera un lector de periódicos, asegura que no repetiría la experiencia y que admira mucho la información económica, pero que, si le mandaran a Davos, necesitaría dos vidas.

El autor deja en estas páginas sus reflexiones sobre la situación tan delicada que vive el periodismo y sobre el lugar que ocupa en concreto el cultural, que ejerce desde hace más de diez años. Asegura, parafraseando a la pensadora Hannah Arendt, que "la sociedad de masas no quiere cultura, sino entretenimiento".

Además, recuerda "el trecho que hay entre la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento", y considera que, a pesar de todo, el periodista "es un talento bajo presión", en palabras de su admirado colega Enric González.

En cuanto a la crisis y sus efectos en el periodismo, Rodríguez Marcos pone de ejemplo los tres parámetros que un día oyó al cantautor Tom Waits: bueno, rápido y barato, que, en su opinión, en este campo no se pueden dar juntos: "Si es bueno y rápido no es barato, y si es barato no es bueno y rápido", concluye.

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