Nuria Amat presenta en Praga "Deja que la vida llueva sobre mí"
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La escritora Nuria Amat, premio Ramón Llull de las letras catalanas con "Amor i guerra" en 2011, calificó de "muy íntima y especial" su novela "Deja que la vida llueva sobre mí" (2007), cuya edición en checo presentó hoy en Praga.
En esa obra, ficción y memorias confluyen en un relato íntimo sobre la vocación de escribir, dijo hoy Amat en un coloquio organizado por la editorial Odeon.
Pero esa vocación, que surge o se detecta a partir de momentos dramáticos, como los maltratos sufridos en la niñez, los lances amorosos de juventud, las rupturas familiares o la experiencia de muerte y sufrimiento, está contada con la voz de una escritora que es el "alter ego" de Amat.
"A la literatura le da sentido reflejar el dolor y el sufrimiento del mundo. Somos retratistas de almas", afirmó la barcelonesa, que obtuvo en 2002 el premio Ciudad de Barcelona con "Reina de América", sobre el azote del narcotráfico.
Durante el coloquio, denunció lo que considera como escasez de literatura comprometida actualmente en España.
"Entiendo la literatura como compromiso con la literatura y con la vida. En España casi no hay literatura comprometida. Y para llegar al lector hay que expresar con palabras lo que no sabemos hacer cuando hablamos", señaló.
Amat, que fue columnista en prensa, afirmó también que cada vez escribe menos para los periódicos, porque, según dijo, "ya no provoca respuesta", pues los editores se encargan de que no la haya "cuando surge la polémica" y ese, subrayó, "es otro factor de la banalidad periodística".
Tras su pasado "feminista", reconoció que ha revisado su visión del mundo, y que tiene "dos sexos literarios". "No sé si mi voz es de hombre o de mujer. Pero sé que mi contexto es de mujer, y también que nunca he escrito novelas típicamente femeninas", señaló.
Se mostró agradecida por haber sido descubierta por autores como Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez, a los que dice que impactó con un español "que no es el español que se escribe siempre".
Esta "escritora de la periferia", como ella misma se califica, atribuyó ese impacto a su "sintaxis un poco rara, catalana".
En la ciudad natal de Franz Kafka, personaje cuya tumba "es una excusa para venir otra vez a Praga", Amat afirmó que ahora piensa "que Kafka es muy checo, íntimamente hablando".





