Lunes 05/12/2016.

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Karen Blixen, ochenta años con África en la memoria

Al pie de las colinas de Ngong, en Nairobi, la que fue casa de la escritora danesa Karen Blixen, autora de "Memorias de África", guarda en silencio un luto de ochenta años, los que se cumplen desde que se marchó su inquilina más célebre.
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Karen Blixen, ochenta años con África en la memoria Karen Blixen, ochenta años con África en la memoria

Al pie de las colinas de Ngong, en Nairobi, la que fue casa de la escritora danesa Karen Blixen, autora de "Memorias de África", guarda en silencio un luto de ochenta años, los que se cumplen desde que se marchó su inquilina más célebre.

El último día de agosto de 1931, Blixen llegaba a su país natal, y su vida en la plantación de café quedó alojada en su memoria y en las páginas de un libro -publicado en 1937- en el que plasmó sus experiencias en Kenia.

Desde entonces y hasta 1985, cuando vio la luz la adaptación cinematográfica de Sydney Pollack, poco se sabía de la historia que encarnaron para Hollywood Meryl Streep, en la piel de la escritora, y Robert Redford, como su amante, el cazador y aventurero Denys Finch Hatton.

"Mis padres conocieron a Karen hace muchos años, pero no tenían ni idea de la historia. Nadie en mi familia la conocía. Yo la supe gracias a la película", asegura a Efe Rupert Finch Hatton, sobrino-bisnieto del amante de Blixen y el único de sus descendientes que vive en África.

La actual directora de la casa-museo de Blixen en Nairobi, Damaris Rotich, admite que también descubrió a Karen por el filme, aunque le pesa reconocer que la fama de la escritora y su experiencia africana no alcanza a la población autóctona.

Ni los guardas de seguridad, ni el personal administrativo, ni siquiera los guías del museo habían oído hablar de Blixen y Finch Hatton antes de empezar a trabajar en el edificio, al que cada año peregrinan unas 50.000 personas de todo el mundo.

Por eso, y en vista del éxito que desde hace más de 25 años el museo cosecha entre los forasteros, la idean de su directora es recuperar el aspecto africano de la vida de la escritora danesa para que los kenianos también se sientan identificados.

"Karen -afirma Rotich- extendió el uso de la medicina occidental entre los indígenas y creó una escuela. Pero respetando su cultura. Fue la primera en aceptar a los africanos. Quería construir un hospital, y en su libro 'Sombras en la hierba', denuncia la precaria situación de los kenianos en aquella época".

Tanto la directora del museo como Rupert aseguran que esta historia aportó mucho más a Kenia: un gran porcentaje de los turistas que llegan a este país de África oriental -dicen- lo hacen atraídos por la cinta de Pollack.

Y aunque no es el caso concreto de Marian y Peter, esta pareja de turistas confiesa que tan sólo les resta visitar el hotel Norfolk -donde se alojó Karen al llegar a Nairobi- y el exclusivo club de Muthaiga -en el que la escritora conoció a Finch Hatton en la primavera de 1918- para completar la ruta Blixen.

"La película colocó a Kenia en el mapa del turismo mundial", señala, rotunda, Rotich.

No obstante, según la responsable del centro, el filme de Pollack "no retrata la historia real de Karen" en el país africano, sino que "se centró en el lado romántico", algo en lo que también coincide Rupert, quien cree que "se exageró la relación entre Denis y Karen".

"¿Cómo puede una persona hacerse tan famosa por no haber hecho nada?", comenta entre risas Rupert, en alusión a la fama de rebote que ganó el hermano de su bisabuelo, a cuyo apellido -admite- debe parte del éxito de los safaris que organiza en el norte de Tanzania.

La casualidad quiso además que Rupert naciera el 14 de mayo, el mismo día que, en 1931, el amante de Karen Blixen perdió la vida en un accidente de aviación en Voi (sur de Kenia), bautizando, para su desgracia, un aeródromo de la zona.

El museo, un regalo del Gobierno de Dinamarca a Kenia con motivo de su independencia y que el año próximo cumplirá cien años, se someterá a una exhaustiva restauración, síntoma de que se resiste a quedarse anclado en la época colonial.

Además, junto a los cipreses que plantaron en el inmenso jardín los sirvientes de Blixen al marcharse de la casa, alrededor de 1932, crecen ahora varios árboles nuevos. "Esos son ya viejos y pronto morirán -señala Rotich-. Nosotros queremos que el museo siga vivo".

Algo alejado, pero visible desde la casa, en las colinas bautizadas en lengua masai como "Ngong" por su forma de nudillos, Denys Finch Hatton también se encarga en su tumba de que no caiga en el olvido la memoria de Karen Blixen.

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