Lunes 05/11/2018.

| Familia

Según Elena Roger, pedagoga

Familia

Si tu hijo tiene un ataque de ira, no se lo cortes: acéptalo y luego gestiónalo

  • Reconocer los síntomas ayuda a prepararse y a prevenir la explosión.
  • El error es centrarse en decirles lo que no deben hacer en vez de dar alternativas
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“Es inevitable que nuestros hijos se enfaden con sus padres, con sus hermanos o con el mundo”, afirma Elena Roger Gamir, pedagoga del Gabinete Solohijos. En el artículo Cómo manejar la ira de nuestros hijos, afirma que los hijos tienen un amplio abanico de sentimientos y “nuestro trabajo no es evitárselos sino ayudarles a afrontarlos”.

Que los hijos lloran, gruñen, chillan, pegan, se vuelven irrespetuosos, irónicos o nos ignoran, es una realidad palpable en la vida cotidiana de una familia. Los padres han de entender  que las emociones, tanto positivas como negativas, existen y existirán siempre. Y que de alguna manera tienen que salirEs imposible y contraproducente reprimirlas.

Uno de los papeles de los padres es por tanto, ayudar al hijo a que reconozca los síntomas de la ira,  como angustia en el estómago, tensión, subida de la temperatura o taquicardias. “Esto le ayudará a prepararse y prevenir la explosión”.

Otro paso es reconocer la intensidad de sus sentimientos con una pregunta tipo De 0 a 10, ¿en qué lugar situarías tu enfado? Para los más pequeños, la experta sugiere dibujar una escalera con colores diferentes en los que las emociones vayan ascendiendo de peldaño (molesto, triste, enfadado, muy enfadado, furioso o agresivo) y animar al hijo a que coloque su foto en el escalón con que más se identifique.

Es importante también que los hijos sepan qué comportamientos son admisibles y cuáles no. En la mayoría de situaciones negativas, Elena Roger afirma que los padres se centran en decir a los hijos lo que no deben hacer, pero pocos dan alternativas: golpear los almohadones, darse un baño, retirarse a otro lugar a pensar, respirar profundamente, pintar en la pizarra o escribir en el diario, entre otros.

Roger anima también a los padres a utilizar palabras de aceptación (SI) para hablar con él en momentos de enfado y a evitar algunas expresiones que sólo dañan o bloquean (NO):

No: Vas a tener que aguantarte
Sí: Seguro que existe una solución

No: No hay para tanto
Veo que estás muy enfadado

No: Deja de llorar; eres un ‘quejica’
Sí: Llora lo que necesites. Te sentirás mejor.

No: Te comportas como un bebe
Sí: Entiendo que estés enfadado. 

No: Eres un bestia. ¡Deja de dar patadas!
Sí: Si necesitas dar patadas a algo, puedes hacerlo con los almohadones de tu cuarto. Están ahí para eso.

Una vez suavizados los sentimientos de ira, la experta anima a reflexionar con el niño y, sobre todo, anima a los progenitores a reflexionar a solas sobre las posibles causas.

Preguntas para los padres:

- ¿Cuáles son los verdaderos motivos que han desencadenado el enfado?

- ¿Está realmente enfadado porque le has obligado a compartir sus juguetes o subyace un sentimiento de celos, de pérdida, de dolor o de decepción?

- ¿La razón es el cansancio o realmente tu hijo se siente estresado, poco competente o decepcionante para los demás?

- Tu intervención y tus palabras, están orientadas a satisfacer las necesidades básicas o se han quedado en la superficie del problema?

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