Viernes 16/08/2019.

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Más violencia, más deportaciones en caliente

  • El asalto de hoy en Melilla ha sido considerado como "muy violento". Las fuerzas de seguridad marroquíes se han visto obligadas a refugiarse.
  • "Algunos inmigrantes llegan aquí después de haber sido prostituidos. No tienen miedo a nada", afirman los expertos, sobre un posible aumento de violencia.
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  • Un grupo de inmigrantes, tras saltar la valla de Melilla. Foto de archivo.

El monte Gurugú se eleva poderoso, dominando inmutable el horizonte, ajeno quizás a toda su historia. Aquella de cuando fue escenario de batalla para las tropas españolas enfrentadas a los rebeldes rifeños de Abd El Krim.

Unos monos de Berbería saltan y se revuelven entre los matorrales. Se muestran alerta, desconfían cuando alguien llega. Esta especie única en Europa, la única en libertad, ha convertido este monte en su refugio. Su libertad es la curiosa paradoja de un monte en el que conviven con las historias de cautivos. De los encerrados en el drama de la inmigración.

José Luis Villena y Jesús Blasco de Avellaneda conocen bien El Gurugú. Uno como delegado del Centro de Cooperación que la Universidad de Granada tiene en Melilla. El otro, como periodista que lleva más de 16 años pulsando este drama humanitario en la ciudad. Algunos de los que ahora saltan llevan años escondidos en sus cuevas, en la maleza o, directamente a la intemperie, cuentan.  Otros quizás unos meses. Pero el tiempo allí se escapa a cualquier cálculo conocido. Esperando el momento propicio para saltar al sueño europeo.  “El momento propicio”, dice de Avellaneda, “ya no sé ni cuál es ese. saltan cuando ya no pueden más”

Perfectamente organizados por nacionalidades, como una enorme Torre de Babel improvisada, sobreviven alimentándose de los restos que encuentran en la basura o de donaciones que algún vecino les pasa de forma casi clandestina. El temor a la vigilancia de la policía de Marruecos les ha hecho rebuscar en lo más inhóspito, en zonas prácticamente inaccesibles que hacen más dificil también conseguir alimentos y agua. Viven siempre alerta, intentando no levantar sospechas en las fuerzas marroquíes y aprovechando cualquier sitio de dificil acceso, para evitar sobre todo grandes batidas.

Porque cuando los agentes llegan “lo hacen arrasando los campamentos, y no está demasiado claro qué hacen con ellos. A algunos los repatrian al sur del país, a otros los abandonan en la frontera con Argelia, o ejercen una presión brutal para dispersarlos”. Prácticas ni siquiera ilegales, afirma Villena. Alegales tal vez, pero que no disuaden a quienes han atravesado cientos de kilómetros de arena.

A Blasco de Avellaneda, que lleva años como observador de los saltos a la valla, titulares como el de hoy le provocan cierta indignación no disimulada: “Son gente que salta casi en paños menores, agarrados a una valla. De verdad que no sé donde llevan los palos y las piedras, no veo mochilas ni carritos”  Villena lo explica casi con una fotografía: “Yo he visto a inmigrantes abrazados a agentes de la Guardia Civil en la frontera, ¿más violencia ahora? Sí,  la hay desde hace unos dos años. Pero eso tiene una razón”. Y ese motivo del que habla Villena, son las devoluciones en caliente. Certificadas ahora, Interior busca, desde el reciente drama de Ceuta, la fórmula para hacerlas legales. Devoluciones inmediatas, sin pasar por ningún expediente de expulsión. Algo que, dicen, lleva tiempo produciéndose en Melilla. “Desde 1999”, concreta De Avellaneda. “Son personas que han llegado desde Argelia,  Camerún, El Chad, Mali... algunos después de haber sido prostituidos o sometidos a trabajos forzosos.  Les dan igual los pinchos, los agentes, correrán y se llevarán por delante todo lo que puedan, pero no veo más violencia que esa” Y Villena añade, “Los inmigrantes sienten que la Guardia Civil los va a devolver. Están hambrientos. Y dispuestos a todo”.

¿Y después del salto, qué viene? En el mejor de los casos, el CETI. Quizás, lo más parecido a un hogar. Allí les dan nueva ropa, les curan las heridas, “y los mandan a la jefatura superior de policía para abrir su expediente", cuenta De Avellaneda. Allí pueden permanecer, por ley, hasta cuarenta días, una “estancia” que depende de muchos factores. De si vienen con familia o hay posibilidades de reagrupación familiar, de si tienen hijos a su cargo, de si son víctimas de mafias o de la trata de blancas, de si han entrado con pasaportes falsos, de si es posible firmar acuerdos de readmisión en el país de origen... De tanto depende, que algunos llevan hasta cinco años en este centro, dice Villena. Desbordado por la llegada de inmigrantes, el CETI de Melilla triplica en estos momentos su capacidad de acogida.  Con el de Ceuta, son los únicos Centros de Estancia Temporal para Inmigrantes que existen en nuestro país. Ambos funcionan desde el 99, cuando la inmigración empezó a considerarse un problema de importancia. El de Melilla fue concebido para unas 350 personas, hoy acoge a más de mil.

Aunque el hablar de cifras provoca reticencias. Uno y otro están convencidos de que los datos oficiales no reflejan el drama real,  y de que Delegación de Gobierno maneja unos cálculos totalmente parciales. “Nos cuentan que han entrado 150 por la valla, pero luego en el CETI sólo se han registrado 80. ¿Qué pasa con los otros 70?, se pregunta Villena, ¿dónde están?"

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