Lunes 05/11/2018.

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¿Cómo funcionan los grupos de whatsapp de orgías? (Sí, existen)

  • “Una orgía de 300 personas no es para tanto, está muy mitificado”, comenta Víctor a teinteresa.es 

11 chicas y 9 chicos semidesnudos, y condones, muchos condones. En las orgías hay varias reglas, pero ponerte condón y cambiártelo cada vez que cambias de pareja es de las más importantes.  Así se lo explicaron a Víctor* cuando le incluyeron en un singular grupo de WhatsApp, que pocos saben o siquiera imaginan que existe.

Víctor (nombre ficticio) es de Madrid, tiene 32 años y participa en una orgía al mes desde hace tiempo. Para él hablar de esto es tan natural como respirar o pestañear. Está acostumbrado a que sus amigos le pregunten y no tiene ningún problema en contestar. Sabe que para la mayor parte del mundo las orgías son casi ciencia ficción (con calificación Triple X, claro), pero no para él.

Se inició en este mundillo gracias a Feeld, una aplicación de citas “para solteros y parejas con la mente abierta”, tal y como reza su propia descripción en Google Play. Sin tanto eufemismo, se trata de un Tinder para tríos (ménage à trois, si nos ponemos exquisitos), pero que a nuestro protagonista le valió el acceso a experiencias sexuales con bastantes más implicados.

Conoció a su “padrino” en Feeld, pero pronto pasaron a WhatsApp, donde este era administrador de un grupo de orgías de reciente nacimiento. “Es como un grupo cualquiera donde hablamos y se planean quedadas”, comenta Víctor. Con la ligera diferencia de que, tras las cañas habituales de un sábado por la tarde, el sexo en grupo está asegurado. “Primero quedas para tomar algo, sales de fiesta… nadie va directamente al tema. Eso sería muy incómodo”, insiste.

Víctor sabe de otros grupos de WhatsApp similares, todos relacionados con el mundo BDSM (Bondage, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo),  pero ninguno como el suyo. Se creó en diciembre del pasado año y, desde entonces, puede que hayan pasado por allí hasta un centenar de personas. “Hay muchísimo movimiento. Cada semana o cada dos semanas se va alguien y entran otros. Sobre todo la gente nueva muchas veces se agobia rápido, porque se focaliza demasiado, pasan dos semanas y se dan cuenta de que no quedan con nadie más que con gente del grupo. Se hace el centro de sus vidas, y esa gente se suele ir rápido”, analiza Víctor.

Además, explica que “es un grupo muy activo, hay días tranquilos con 20/30 mensajes y otros con más de 1000. Y hay gente que utiliza el WhatsApp para trabajar y, claro, en el grupo hay contenido muy explícito que no quieren exponer en la oficina”. Y, dicho esto, Víctor me enseña una completa secuencia de fotografías donde penes enormes se intuyen debajo de vaqueros muy ajustados, y a las que acompañan comentarios del tipo: “me acuerdo de vosotros”.

Normalmente en el grupo hay unas 60 personas y es relativamente fácil entrar si sabes cómo o, mejor dicho, si sabes quién puede meterte.  “No hay un gran misterio. Es todo gracias al boca a boca, amigos de amigos. A veces el administrador suele seleccionar perfiles en otras apps , no se trata de si es guapo o no, sino de gente interesante o que no aporta nada”, revela sin mayor problema Víctor.

Una vez dentro, el grupo cuenta con una base de datos donde puedes registrar tu nombre,  redes sociales, número de teléfono,  ciudad y si vienes, o no, con pareja. “No es obligatorio apuntarse, pero si no te apuntas no tienes acceso a los datos de los demás”, avisa Víctor. Además, reconoce la importancia de la base de datos hasta el punto de que “mucha gente sale del grupo pero quiere seguir en la base de datos para que se les avise de quedadas grandes”.

En general, para ellos es importante conocerse, crear ciertos lazos, saber de tus vidas… por eso en el grupo de WhatsApp reina una pasmosa normalidad. Se preguntan por su día a día, hablan de la ola de calor y eligen día y lugar para sus encuentros, que siempre empiezan con unas cervezas en algún bar de Madrid y algo de fiesta por el centro de la capital. Quedan, beben, se hacen fotos e, incluso, las suben a sus redes sociales. Vamos, lo típico.

 

Fotografía facilitada por el protagonista de uno de sus encuentros previos a la orgía

Yo  esperaba locales a oscuras donde follas con completos desconocidos, encuentros secretos o incluso organizaciones masónicas de sexo y bacanal. Ni que decir tiene que mi ignorancia era absoluta, pero Víctor me consoló diciendo que “eso es lo  normal, hay  mucho desconocimiento en lo que se refiere a prácticas sexuales menos convencionales” (¿Mal de muchos, consuelo de tontos?). “La mayoría de la gente entra al grupo movida por la curiosidad, alguien les habla del grupo y descubren que no es para nada como creían y se animan a experimentar”, deja caer Víctor casi como si de una invitación se tratara.

Por ahora, todos los encuentros han sido en Madrid, aunque no descartan organizar orgías en otras ciudades: “La mayoría  de los integrantes del grupo somos madrileños, aunque también hay de muchos otros sitios, hasta hay un chico que no vive en España”. En realidad es pura logística, si están en Madrid, después de las copas, es más probable que alguien proponga su casa. “Otras veces hemos alquilado un Airbnb”, confiesa Víctor, “si vas para dormir quizá solo entren seis personas, pero si vas para lo que vas da igual cuántos seáis”.

¡Equilicuá!“¿Cuántos?” Esa era la pregunta que resonaba en mi cabeza desde que había comenzado la conversación, “la más tocha de 20-25 personas y la que menos unos 10”, echó cálculos Víctor; sin embargo, por Carnavales supo de una macro-orgía donde participaron unas 300 personas. Para esa ocasión se reservó el Hotel Puerta de América de Madrid, entero, ENTERO. Disfraces, penetraciones, felaciones… y de banda sonora nada de chirigotas ¡gemidos!

“Aunque sean 300 personas una orgía no es para tanto, está muy mitificado”, sentenció Víctor, sacándome de mi ensimismamiento. No creo que sea raro que me hubiera abstraído un poco del mundo, 300 personas son prácticamente todos los futbolistas de primera división y 3 veces los invitados de la última boda a la que fui.

 300 es un número que impone, aunque bien es cierto que 20 personas en un encuentro sexual también me produce cierto vértigo. Y no solo a mí.  “La primera vez estaba acojonado, y la chica con la que iba también. Súper nerviosos. Pero después de la primera vez, se normaliza, a ver qué plan tengo este fin de semana… ¡ah sí, orgía!”, comenta con abrumadora naturalidad.

Y, sabiendo que no había tabús para Víctor, disparé sin compasión: “¿Cómo es la gente del grupo? ¿Qué edad tienen? ¿Hay más chicos o más chicas? ¿Todos son bisexuales?” Habíamos llegado demasiado lejos. Para entonces yo ya era una yonkie de la información sobre orgías, y a él no le importó darme mi dosis: “Son personas normales. Las chicas siempre son más jóvenes, no tengo ni idea de por qué, la verdad, hay chicas desde 18 hasta treinta y muchos. Y los chicos de veintitantos a cuarenta y pocos”.

En cuanto a la proporción, Víctor revela, para satisfacción de mi desconocimiento, que “se busca que sea algo equitativo, fifty-fifty,  hubo una temporada en la que había muchos más chicos y, entonces, se restringió la entrada a chicos solos. Últimamente, es al revés,  hay más chicas que chicos, así que buscan chicos que quieran entrar”.

 “Entre un 50-70% son bisexuales y, en mi grupo concretamente, no había ningún gay, pero sí una pareja de lesbianas”, responde a mi cuestión sobre la orientación sexual del grupo. Cabe destacar, en este sentido, que Víctor es heterosexual, aunque se ha dejado besar o, incluso, tocar por otros hombres, pero admite que decaía mucho la cosa (literalmente).  

El mundo audiovisual casi monopoliza las orgías, en general, y su grupo, en concreto: actores, actrices, directores, ayudantes de dirección, cámaras, realizadores… “Yo veo anuncios en la televisión y reconozco a más de uno. Además, he oído hablar mucho de la fiesta, más secreta, que hay después de la fiesta de después de los Goya”, me explica como si se tratara de un secreto a voces. Parece que para entonces, y ya bien entrada la madrugada, ni alfombras rojas, ni vestidos de gala, la piel está mucho más cotizada.

“Dentro del mundo del ‘famoseo’, las orgías sí son más como de película: garitos cerrados a los que accedes con contraseñas, gente follando a muerte con desconocidos, rayas de coca sobre las mesas… todo gratis. Barra libre de sexo, drogas y alcohol”, me cuenta y noto, por primera vez,  cierta agitación en la voz. Está claro que, para él, eso ya no es tan normal. Incluso, dentro de su mismo grupo, admite que “algunos están metidos en cosas muy raras, BDSM, sadomasoquismo, sumisos, tienen armarios enteros llenos de juguetes, contratos vinculantes en materia sexual…”.

En general, Víctor reconoce que sus orgías se parecen mucho a una película porno, pero, muchas veces, la realidad supera la ficción. También repasa conmigo las reglas más importantes por si un día me animo: (1) “No es no, y si no hay una actitud proactiva o ves que alguien no está cómodo, eso también es no”,  (2) “siempre hay que utilizar preservativo y cambiarlo si cambias de pareja, por eso cada uno debe llevar su propio paquete de condones” y (3) “hay que gestionar bien los celos, follando se crean muchos vínculos, de ahí que salgan parejas y otras se rompan”.

“Una vez que estás ahí es todo muy natural, un rato por un lado, otro rato por otro, solo con la gente que te gusta. Los límites te los autoimpones tú, hay gente que la primera vez decide ir únicamente a mirar o que tantea el terreno solo quedándose a las copas”. Nadie está obligado a hacer nada que no quiera, por eso, concluye Víctor “respeto” es la palabra que define el grupo.



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