Sábado 10/11/2018.

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Así intenta Interior evitar el contagio del yihadismo en la cárcel

  • Interior ha aprobado un plan para colaborar con las instituciones islámicas y evitar radicalismos 
  • Hay alrededor de 200 presos en supervisión, entre yihadistas y 'pupilos' 
  • Imagen de archivo de la detención de un supuesto yihadista en España EFE

Adam Deen es un antiguo terrorista, miembro de la organización extremista islámica Al-Muhajiroun. Ahora, tras separarse del extremismo, recorre las cárceles y las universidades para ayudar a los que profesan su misma religión a entender el Islam “moderado”.

Su asociación, Quilliam, es el primer ‘think tank’ del mundo en combatir la radicalización y este martes han participado en Málaga en un curso junto al sindicato de funcionarios de prisiones Acaip para explicar cómo hacerlo.

Los presos de las cárceles españolas, 115 terroristas y otro centenar en riesgo de ‘contagio’, necesitan con quien hablar de su religión. Es la premisa de Deen, que reúne a teólogos o historiadores para colaborar con las instituciones en difundir un Islam alejado del Estado Islámico.


El yihadismo en la cárcel

142 personas han sido juzgadas por terrorismo en la Audiencia Nacional en un año; se han llevado a cabo más de 312 diligencias de investigación; el aumento de casos de terrorismo ha sido del 47%.

Estos datos son la consecuencia directa del terrorismo yihadista en España, según la última memoria de la Fiscalía de la Audiencia Nacional, de 2015.

La consecuencia indirecta podría ser mayor. Una vez los yihadistas juzgados o investigados entran en prisión, el riesgo de que radicalicen al resto de presos aumenta exponencialmente. El mayor peligro del terrorismo yihadista es su difusión, por eso se persiguen especialmente las redes de captación a través de internet, y en la cárcel el contacto es mucho más directo.


115 yihadistas en las cárceles españolas

En las prisiones en España hay actualmente un 50% más de presos relacionados con el terrorismo islamista de los que había el año pasado. Son 115 personas que duermen en las celdas españolas rodeados de otros presos a los que intentarán captar para su causa “santa”.

“El ingreso en prisión supone la inmersión en un ambiente hostil donde el interno puede sentir la necesidad de formar parte de un grupo que le preste apoyo efectivo y seguridad física”, advierte el Ministerio del Interior en una circular distribuida en los centros penitenciarios a la que ha tenido acceso Teinteresa.es

La formación de grupos con el mismo origen nacional, religioso y cultural es “un factor que propicia la radicalización”. Por eso, la participación de asociaciones como Quilliam intenta desafiar las ideologías y la narrativa extremista desde la propia religión.


La difusión de las ideas radicales

Es especialmente difícil detectar que una persona se ha radicalizado y también probarlo. Desde la Fiscalía de la Audiencia Nacional explican que se trata de investigaciones con una complejidad técnica muy alta y también desde el punto de vista jurídico. Los delitos investigados, captación, adoctrinamiento, reclutamiento y adiestramiento de personas, se realizan a través de medios difícilmente rastreables como internet y las redes sociales.

En prisión la situación es diferente. Interior asegura que las relaciones e ideas extremistas “fraguadas dentro de una prisión pueden exportarse a otros centros penitenciarios o al exterior, siendo un foco que retroalimenta las actividades criminales”.


Los programas de intervención

Pero, ¿cómo evitar que los presos yihadistas “contagien” a otros presos y lleven parte de las redes de captación del Estado Islámico a las cárceles españolas?

Interior quiere frenar esta difusión extremista y para eso tiene monitorizados a los presos de riesgo dentro de las prisiones a través del Programa de Prevención de la Radicalización.

Aunque las medidas y recomendaciones que incluye el plan son más genéricas que concretas. Interior recomienda “implementar programas bien estructuradas, basados en modelos psicológicos”, es decir, realizar evaluaciones psicológicas periódicas a los presos de riesgo para detectar si están siendo “convencidos” por otros o no. Además, hace referencia a “factores de protección” para evitar la radicalización, como por ejemplo la separación de presos en módulos distintos e intervenir “de forma individual evitando propuestas generales”.


Los perfiles de yihadistas y ‘pupilos’

Interior separa en tres grupos los presos que deben ser monitorizados dentro de este plan de prevención yihadista. En el grupo más peligroso están los presos calificados como A en el FIES (Ficheros de Internos de Especial Seguimiento), es decir, los propios terroristas ya calificados como tales y juzgados por colaborar con el Estado Islámico con un “fuerte arraigo de valores e ideología extremista”.

En los dos grupos siguientes se enmarcan los perfiles de presos con “actitud de liderazgo captador y proselitista”, es decir, no tienen por qué ser yihadistas consumados pero son líderes dentro de los grupos carcelarios y cumplen la misión de “adoctrinar”.

Junto a los adoctrinadores estarían los adoctrinados, a los que también se monitoriza desde Instituciones Penitenciarias. Son internos con una “vulnerabilidad” emocional que participan pasivamente en recibir la doctrina de la yihad. Son los más difíciles de detectar aunque según Interior son presos que “pueden protagonizar incidentes con otros internos y actitudes de desprecio a los internos no musulmanes”, lo que podría indicar “un proceso incipiente de radicalización”. 


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