Sábado 27/04/2019.

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Los alérgicos reclaman medidas

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"Los profesores no saben cómo enfrentarse a estos casos"

  • "Es necesario que se forme a los docentes por ley, las asociaciones no podemos llegar a todo", dicen desde la Asociación Española de Alérgicos Aepnaa.
  • "Si esto le pasa en su casa, probablemente no hubiese fallecido", dice el doctor del SUMMA, Alonso Mateos. 


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  • Fallece niño de 6 años tras sufrir una reacción alérgica en granja escuela EFE

No son pocas las ocasiones en que los dramas destapan las carencias legales de todo un sistema. Y también ocurre ahora, en la muerte del pequeño de seis años en una granja escuela de la comunidad de Madrid. A falta de las conclusiones de las investigaciones, las primeras claves revelan ya una ausencia clara: la falta de protocolos para reaccionar ante casos, como un shock anafiláctico, en el que el tiempo juega en contra y que exigen la máxima rapidez y eficacia.

 El niño era intolerante a la lactosa y sus monitores lo sabían. De hecho, según la inscripción que tuvo que hacer el menor para ir a la granja, a la que tuvo acceso la Policía Nacional en el hospital de Móstoles, donde falleció, con la letra de la madre se puede leer  que el pequeño estaba con un tratamiento médico por asma, que tenía una alergia alimentaria, en concreto a las proteínas de la leche y que era "muy alérgico". El pequeño llevaba además desde el lunes, cuando llegó a las instalaciones,  manifestando problemas respiratorios.

Las sospechas se centran en un alimento, un yogur de soja que el pequeño había ingerido en la cena. Pero ahora los análisis deberán determinar si ese yogur contenía además trazas de proteína de leche que pudieron provocar la reacción fatal. Según ha trascendido, al poco tiempo de ingerirlo, el niño comenzó a encontrarse peor y a presentar dificultades para respirar. Llegó a tener los labios azules, según las primeras declaraciones de los monitores.

 ¿Cómo tuvo acceso a ese yogur? ¿Estaba bien etiquetado? ¿Se reaccionó a tiempo? ¿Se podría haber evitado?“Claro que se podía haber evitado”, dice Pilar Hernández, presidenta de la Asociación Española de Alérgicos a Alimentos y Látex (Aepnaa). Ella conoce de primera mano la angustia ante un “choque anafiláctico”. Unos anacardos fueron los causantes en el caso de su hijo y a raíz de aquello se dio cuenta de la batalla que se les presentaba a los familiares de personas alérgicas.

Por ello, desde esta asociación llevan tiempo reclamando lo que consideran clave para evitar desenlaces fatales: la formación. “Hay casos muy graves que son muy complicados, pero siempre se pueden evitar con unas correctas medidas de prevención. Y para eso es necesario formación específica de familiares y profesores”.

Desde la asociación llevan la iniciativa, organizando jornadas dirigidas a educadores, personal de comedor, cocina... “pero no podemos llegar a todo”, lamenta Hernández, “siempre hemos reclamado que sean las autoridades las que tomen responsabilidades en el asunto para poder llegar a todos los centros, especialmente aquellos que tienen niños diagnosticados, pero hay que llegar a todos, porque una reacción alérgica se puede dar por primera vez en un colegio” 

Un vacío legal

Nuestro país naufraga en un vacío legal en estas situaciones. Existen recomendaciones, pero no normativas. En octubre del año pasado, los ministerio de Sanidad y Educación publicaron un documento acompañado de una guía informativa que daba algunas pautas para la prevención y actuación en casos de reacción alérgica y su detección a tiempo. Seis meses después, falta todavía su implementación en las comunidades autónomas, algo que, de nuevo, sigue corriendo a cargo de las asociaciones.

“Se ha dado un gran paso, pero de momento son guías de recomendaciones, no hay legislación. Por ello, sigue siendo necesario que exista una regulación, sobre todo en el caso de la medicación”

Otros países llevan la delantera. Hace unos meses, el presidente de EEUU, Barack Obama, firmó la Ley de Acceso a la Adrenalina en las escuelas, precisamente a raíz de la muerte de un escolar por una reacción alérgica.  Esta ley establece que todos los centros escolares del país tienen apoyo económico de la administración para comprar adrenalina y autorización legal para tenerla en sus botiquines. “Aquí hay centros que la tienen, pero otros siguen negándose y los padres tenemos que luchar para que nos cojan la medicación. No hay ninguna normativa que obligue”, dice Hernández. 

El etiquetado de los alimentos es otro de sus caballos de batalla. A pesar de que se ha tomado conciencia de la importancia de especificar la composición de cada producto, siguen detectándose carencias: “Falta regular el etiquetado de trazas”, advierte Hernández. “algunas marcas regulan por exceso, e incluyen trazas en todo con lo cual se limita también la cantidad de productos a los que se puede acceder. O la gente piensa que es un etiquetado preventivo, y no les hace caso suficiente. Otras veces, los fabricantes cambian la composición sin previo aviso y si no te lees el etiquetado cada día no te das cuenta. A lo mejor llevas años tomándolo y resulta que han cambiado la composición y ese día tiene trazas”. 

En el caso de Madrid, además, entra en conflicto otro “vacío”. La regulación de las granjas escuela, que en la comunidad escapan de la catalogación de centros educativos y por tanto no están sujetas a la legislación de la Consejería de Sanidad por considerarse centros privados. Las actividades, por tanto, no son obligatorias, sino que son los padres los que deciden si un niño participa en ellas o no.

 “Nosotros creemos que sí son un centro educativo, porque se organizan actividades educativas”, dice Hernández, “los monitores son responsables durante su estancia allí”. 

Hay otro factor clave: la administración de la medicación. "Hay muchos estudios que apuntan a que la mayoría de fallecimientos se producen por un retraso en la aplicación. El primer paso a dar es medicar, luego llamar a emergencias. Si tienes la medicación, ante la duda, hay que aplicarla, y luego llamar”. 

En el caso de este pequeño, los monitores habrían llamado a los familiares al comprobar que el niño manifestaba problemas respiratorios después ingerir el yogur. Estos les explicaron entonces cómo tenían que aplicar la medicación que el menor había llevado a la excursión. “Pudo haberse perdido un tiempo precioso”, afirma Hernández, que prefiere, de todas formas, mantenerse cauta en espera de las investigaciones. 

"Fue un cúmulo de desgracias"

Ante el empeoramiento del pequeño, los monitores decidieron trasladarlo en coche hasta el hospital más cercano, el Rey Juan Carlos de Móstoles, aunque en el camino entró en parada cardiorrespiratoria. Entonces, decidieron pedir ayuda al 112.   Los efectivos del Summa y una ambulancia de Cruz Roja atendieron al menor en el kilómetro 6 de la carretera M-523  y consiguieron reanimarlo para seguir su traslado al hospital, en estado crítico. Pero poco después del ingreso falleció.

 “Fue un cúmulo de desgracias”, dice el doctor Alonso Mateos, médico del Summa de Madrid y responsable de medicina de urgencias en la sección Pregunta al Médico de Teinteresa.es, quien apunta además a un factor insalvable, la distancia desde la granja escuela al hospital, aproximadamente veinte kilómetros. “Seguramente si esto le pasa en su casa, no hubiese fallecido”.

Pero en el caso de este pequeño la conjunción fatal entre una situación previa de asma y la ingestión de un alergeno al que era altamente reactivo se convirtió, en palabras de este experto, en una “bomba”. Literalmente, “se le cerraron los pulmones. La anafilaxis es una auténtica tormenta alérgica, inmensa y brusca que inflama absolutametne todo, hasta el punto de producir efectos tan graves como este. El arbol bronquial, el tubo digestivo,... hasta que se entra en parada cardiaca”.

 La situación es extrema. “Hay casos en los que los pacientes reaccionan de una forma brutal. Recuerdo uno de un niño al que se le estaban haciendo pruebas para determinar su alergia y la reacción fue tal que sufrió en el propio hospital una parada cardiaca y falleció”, comenta Alonso. En estas situaciones, cada segundo se convierte en eternidad. “En ocasiones nos vemos en la situación de que hay que pinchar directamente la inyección de adrenalina por encima de la ropa, para no perder tiempo”. Casos que suponen un auténtico desafío incluso para ellos, que cada día bordean los límites de la vida.  



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