Domingo 16/12/2018.

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2. La pasta

2. La pasta

  • El aceite no pinta nada. Cuando hierves pasta, solo tiene que pasar eso, que hierva la pasta. El aceite, tanto de oliva como de girasol, no sirve absolutamente para nada. Todos sabemos que no agua y aceite no se mezclan, y esto último lo único que consigue es alterar –y muchas veces estropear- el sabor, además de crear una película escurridiza y pringosa en la pasta. Un estropicio en toda regla. Y si quieres utilizar sal, nunca antes de que el agua hierva.
  • Al dente, siempre al dente. Para que la pasta esté en su textura óptima, mantenga su mejor sabor, y se combine de la forma más armónica posible con las salsas, es imprescindible sacarla un 'pelín' antes. Sí, un poco antes de lo que lo hacemos siempre, cuando parece que está dura pero en realidad ya no.
  • Enfriarla rápido. De nada sirve sacar al dente una pasta cuando la dejamos en caliente, que siga cogiendo esa agua vaporizada y, en esencia, que siga cocinándose. La única forma de saltarse este paso es si pasas rápidamente la pasta a la sartén, si no es necesario que la pasta se enfríe rápido porque la cocción ya ha terminado. La vida de la pasta en la cocina empieza en la olla hirviendo, después en el escurridor enfriándose y por último en la sartén.
  • La salsa nunca del envase al plato. Para que la salsa coja realmente una textura agradable para la pasta, y se combinen los sabores y no solo sepa a eso, a la salsa, nunca hay que echarla directamente del bote. Ni tomate, ni kétchup, ni siquiera las salsas de pesto, marisco o boloñesa que ya vienen preparadas. Todo se sofríe y después se mezcla con la pasta en la sartén. Por cierto, utilizar kétchup también es un crimen contra toda Italia.

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