Martes 05/09/2017.

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‘No volverás a España jamás’, el drama de las mujeres secuestradas en el Sáhara

  • Maloma, Darya, Nadjiba y Koria, niñas libres en España pero ahora mujeres secuestradas por sus propios padres y hermanos
  • Sus familian aseguran que no pararán hasta que el Gobierno actúe y permitan estar a sus hijas "allá donde ellas quieran"

Fueron niñas libres en España, con estudios, amigos y planes de futuro. Hoy se encuentran secuestradas por sus propias familias biológicas en Argelia, raptadas en por sus propios primos y hermanos para cumplir su rol de mujer de "limpiar y procrear". Aunque sólo son cuatro los casos visibles, desde la organización “La Libertad es su derecho” denuncian al menos otras 47 retenciones anónimas que no quieren ser contabilizadas "por miedo a las represalias". Hoy son mujeres manchadas por el estigma de occidente. No pueden decidir con libertad dónde vivir ni qué hacer en el futuro, son meras posesiones de los hombres que las retienen.

La situación dura ya años y los padres están destrozados. Matrimonios que un día abrieron las puertas de su casa con el programa "Vacaciones en Paz" a estas niñas saharauis, chichas con problemas de salud que requerían costosos tratamientos e incluso complicadas operaciones. "Estuvimos años yendo con la niña a duras rehabilitaciones. Tenemos un vínculo muy fuerte" cuenta José, padre de acogida Nadjiba, que fue intervenida en España por pie equino. Su caso es similar al de Koria, retenida en una jaima en algún punto del desierto sur de Argelia y con graves problemas del corazón. Su madre se muestra fuerte. "No nos rendiremos hasta conseguir su liberación". Koria desapareció el día que debía regresar a España, igual que Maloma, raptada en un coche ante la atónita mirada de Pepe, su padre adoptivo. A Maloma se la llevo su hermano a una jaima en mitad del desierto, donde sólo bebió leche de cabra. Pepe debía volver solo a España, impotente. "Yo no podía hacer nada allí ya".

A pesar de los años lejos de sus hijas, se muestran dispuestos a luchar. No pararán hasta conseguir que las chicas puedan decidir libremente dónde estar y cómo quieren vivir, algo dificil para las mujeres en ciertas culturas pero que, recuerdan, es una capacidad reconocida a todas las personas mayores de edad por la ONU. Esta son las historias de las familias de acogida y adopción de Maloma, Darya, Nadjiba y Koria, cuatro de las mayores de edad secuestradas y que hoy reclaman su libertad.



Maloma Morales, 24 años. Quería ser policía nacional

Maloma quería ser policía nacional, pero no dudó en volver a Sáhara para visitar a su familia tras diez años fuera, con la que tenía buena relación. Difícilmente pudo imaginarse que sus propios hermanos  y primos acabarían raptándola por la fuerza. Pepe, su padre adoptivo en Mairena de Aljarafe, escuchaba los gritos de Maloma mientras que el coche se alejaba hacia el corazón del desierto. Casi dos años después, Maloma, con pasaporte español, sigue retenida.

Pepe ha conseguido mantener el contacto con Maloma, pero asegura que ella está totalmente coaccionada por sus hermanos y que "sólo se limita a sobrevivir", relata. Después de su rapto, la familia biológica de Maloma ha difundido varios vídeos en los que aseguraba que se encontraba bien y que quería casarse, un suceso que la propia familia adoptiva había conocido sólo 48 horas antes. Se publicaba un vídeo de una boda pero Maloma no es reconocida por sus familiares adoptivos. Desde la organización “Libertad es su derecho” declaran no reconocer a ninguno de los familiares y que en el vídeo no se ve a la chica, por lo que aseguran que el vídeo es “de otra celebración”.

Pepe también asegura no reconocer a su hija adoptiva en los vídeos. Asegura que existe un complot detrás de cámaras para encubrir el secuestro, que su hija está secuestrada a pesar de lo que le obligan a decir y que les ha pedido ayuda en varias ocasiones.

“Si quieren resolver el problema que permitan a Maloma ir a la embajada española en Argel y con su pasaporte en mano afirmar que de verdad no quiere volver a España”, reclama Pepe. “Yo denuncié en Argel pero no me hicieron ni puto caso. Me tuve que volver solo, sin Maloma”.

A la vuelta, cuando denunció el caso en España a la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, le dijeron que se lo tomase “como unas vacaciones, algo temporal” y que no denunciase a la prensa.

Hoy hace 20 meses que Maloma se separó de Pepe pero ellos no se rinden. Esperan la resolución de una denuncia al Alto Comisionado de Derechos Humanos en la ONU, así como la acción del Ministerio de Exteriores. Pepe nos cuenta que han llevado el caso al Parlamento Europeo y que esperan poder exponerlo en la cámara.

Sobre los vídeos de Maloma asegurando que se encontraba bien, él es contundente. "Yo no reconozco a mi hija en esos vídeos. Existe un complot detrás de las cámaras. Evidentemente la familia le obliga a decir eso". 

Ya en 2015 el por entonces Segretario General de la ONU Ban Ki-moon se hacía eco de la situación de Maloma, Darya y Njana e instaba al Frente Polisario a resolver el conflicto. Dos años más tarde el caso de Maloma sigue enquistado.



Darya Embarek, 28 años. Quería ser empresaria y abrir su propio negocio 


Ángeles, madre de acogida de Darya, cuenta cómo su hija dudaba el día que cogió su último avión a Argelia. “Si no quieres ir, no pasa nada”. Pero Darya debía acudir a la llamada de su familia, ya que su padre estaba enfermo. “Ellos no me retendrán, mi familia no es así”. En aquel momento Darya no se imaginaba el calvario que tendría que pasar. En el momento de volver a Tenerife su familia escondía la documentación y pasaportes, papeles que había tardado años en conseguir, quedando retenida contra su voluntad.

Ángeles asegura que Darya era una chica entusiasta, emprendedora, con grandes planes para quedarse en España. “Ella quería abrir un negocio de zapatos, los adoraba". Según cuenta, tenía pensado entrar en la Universidad para estudiar empresariales. "Ella vivió 13 años en las islas y este era su hogar”.

Con Darya ahora en Argelia, Ángeles sabe que estos planes han quedado lejos de su futuro. “Ahora se encarga de limpiar la casa y hacer la comida para su familia. No es libre”.

Y de nuevo, el Frente Polisario no ayuda. Ángela nos cuenta que las autoridades saharauis no ponen las cosas fáciles a la hora de visitar los campamentos donde Darya se encuentra. “No me dejan verla, me prohibieron la entrada en los campamentos. La delegada del Gobierno Polisario en España no quiere que la recuperemos”. También denuncia la falta de cooperación por parte del Ministerio de Exteriores, que da la espalda al caso de Darya.

Como en el caso de Maloma, la familia de Darya se ha acogido a la demanda internacional al Alto Comisionado de Derechos Humanos. Mientras espera la resolución, Ángeles sigue enviando medicación a Darya en Argelia, que sufre de una enfermedad en la sangre detectada en Tenerife. 

 


Koria, 24 años. Se estaba preparando la selectividad

En 2011, Koria volvía a Argelia acompañada de su madre de acogida, Bienvenida y sus hermanos españole,s para ver a su familia biológica, con quien mantenía buena relación y contacto diario durante los diez años en España. Tras 20 días de celebración y buenas vibraciones, la madre biológica enviaba a la niña a comprar zanahorias a una tienda a 500 metros de su casa, el día que debían coger el avión de vuelta. Fue entonces cuando el padre y varios primos la secuestraban para enviarla a “los campos”, según nos cuenta Bienvenida.

Koria vivió con la familia de Bienvenida Campillo en San Miguel de Salinas, Alicante. Su caso es especialmente complicado. A Koria le detectaron graves problemas de corazón y anemia cuando pasaba su verano en Alicante, con unos niveles iguales a los de un enfermo terminal de cáncer. El Frente Polisario en Alicante aceptó entonces que se quedase de forma irregular hasta que mejorase, pero tras ocho años Koria necesitaba una operación imposible de realizar en estado irregular. Bienvenida viajó a Argelia para conseguir que la familia de Koria firmase los papeles, ambos viajes en vano. Ante la situación, la Generalitat decidía intervenir e iniciar un proceso de desarraigo para legalizar a Koria y operarla. Tras la intervención quirúrgica, se le prescribió un tratamiento de por vida y revisión cada tres meses.

Bienvenida cuenta el calvario de Koria desde que fue tomada por sus familiares. “La madre orquestó el secuestro y el padre lo ejecutó mientras Koria visitaba el campamento para conseguir la documentación que necesitaba”. Después de su rapto, Bienvenida recibía la llamada de la hermana de Koria: la niña había sufrido un ataque debido al estrés del rapto, cuando se enteró que la llevaban al “campo”, un campamento de tiendas de campañas aisladas a 2000 kilómetros de los campamentos oficiales, donde se dedican al pastoreo de cabras y camellos.

“Desde el hospital ellos no pueden ver lo que le pasa en el corazón. Se negaba a comer, no quería ir al “campo” por nada del mundo”. Cuenta Bienvenida, que tuvo la oportunidad de presentarle el caso cara a cara al Ministro de Sanidad Polisario, pero su denuncia fue totalmente ignorada. “Le pregunté si le pensaba examinar el corazón sólo con los ojos. Él se limitó a sonreír”.

Desde que fue llevada al "campo" con las cabras y los camellos, sólo se sabe que ha visitado varios hospitales, según cuenta Bienvenida, por sus problemas de corazón y según sospechan, “por alguna paliza”. Por lo demás, su paradero es totalmente desconocido. “A veces no sabíamos si estaba viva o muerta”.

El último contacto y único contacto fue hace 3 meses, cuando la familia de Koria orquestaba una entrevista con una eurodiputada para asegurar que se encontraba bien y que no estaba retenida contra su voluntad. Bienvenida no da por cierta la declaración y afirma que todo es una treta. “En la conversación, cuando la sacaban del guion no sabía que responder. Sólo se limitaba a afirmar que no quería problemas”. El encuentro tuvo lugar en presencia de toda la familia y de miembros del Frente Polisario, presentes específicamente para controlar el video encuentro, según denuncia Bienvenida.



Nadjiba Mohamed, 21 años. Estudió estética en Sevilla


José Contreras, el padre de acogida de Nadjiba, nos cuenta cómo retuvieron a su hija cuando, con 21 años, viajó desde Huelva para visitar a su familia en el campamento de Smara con el fin de tramitar su ciudadanía española. 

“Las relaciones con la familia eran buenas” cuenta José. “Se trataba de una familia bien posicionada. La madre era parlamentaria en el Frente Polisario e incluso pasó varios días en nuestra casa. Hoy día es ella quien creemos que está detrás de todo el secuestro”.

Ahora, Nadjiba se encuentra vigilada y bajo engaño. En un simulacro de robo le sustrajeron su documentación y móvil, esencial para volver a España. Los padres biológicos aseguraban, tranquilizadores, que también ellos habían sido robados, pero Nadjiba sabía que no era cierto. Cuando se dio cuenta de que en realidad estaba secuestrada en su propia casa pidió ayuda, lo que agravó la situación. “La familia se volvió estricta y le prohibió ir a trabajar. Ella nos llamaba por teléfono y nos pedía que no parásemos de luchar”.

Hoy José denuncia la dejadez del caso por el gobierno y el presidente, que personalmente escuchó su causa como nos cuenta. “En 2015 mi mujer aprovechó que Rajoy estaba en Huelva para plantarse ante él a la desesperada y presentarle el caso. Él escuchó atentamente, recibió la documentación del caso e incluso dejó que se fotografiasen escuchándola”. Dos años después, la familia de José sigue sin respuesta del gobierno y Nadjiba retenida.

José lamenta la situación. “En Sáhara es así. La mujer es posesión del padre y cuando se casa, del marido”. Según cuenta, la situación no es fácil para las que, como Nadjiba, un día vivieron en España. “Son señaladas como manchadas, fuera de la cultura e impuras. Ahora Nadjiba sólo cocina y limpia y no puede salir. Nadjiba fue residente en España entre 2000 y 2013, 13 años en los que la familia de José Contreras la ayudo para recibir tratamiento por su problema de pie equinos, que no la permitía andar bien. “Tuvo que asistir a muchas rehabilitaciones. Mi mujer la llevaba a Sevilla todos los días. Es por ello que tenemos un vínculo tan fuerte con ella”.


Las peticiones de la familia

Las cuatro familias se han reunido esta tarde en Matalascañas en un acto simbólico. Una cadena humana para denunciar la situación de sus hijas y hacer que el gobierno tome cartas en el asunto.

Quieren dos cosas: que el gobierno expulse a los delegados Polisarios de España para que solucionen la crisis desde Argelia, y que el gobierno español actúe. "La única forma para resolver la crisis es organizar un encuentro con las niñas en la embadajada en Argel o en algún lugar neutral, donde nadie las controle ni las presione y se expresen sin coacción su verdadera voluntad.

Sólo entonces, aseguran, dejaran de creer que sus hijas están retenidas contra su voluntad.

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