Martes 19/06/2018.

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QUEDARSE EN CASA NO IMPIDE LA PROPAGACIÓN DE EPIDEMIAS

La movilidad geográfica de la población puede ayudar a combatir las epidemias, en contra de la extendida idea de que quedarse en casa impide su propagación.

Así lo pone de manifiesto un estudio de Jesús Gómez y David Soriano, de la Universidad de Zaragoza, y de Àlex Arenas, de la Universitat Rovira i Virgili, publicado en la revista 'Nature Physics'. A partir de los datos de una gran ciudad como Cali (Colombia), el trabajo demuestra que la movilidad diaria entre distritos reduce la incidencia de la propagación de una epidemia, al contrario de lo que se podría pensar.
Los autores elaboraron un nuevo modelo matemático, capaz de incorporar los datos reales disponibles sobre hábitos de movilidad humana en ciudades y regiones. Esta nueva herramienta permite evaluar cómo los patrones de movilidad influyen en la propagación de virus y, en particular, verificar qué impacto tiene un aumento o disminución de la movilidad en el número de contagios.
Según Gómez, “con los datos disponibles en varias ciudades, observamos que un aumento de la movilidad no siempre conlleva un aumento de la incidencia epidémica, como sugerían resultados anteriores”. Al contrario, los expertos observaron tres comportamientos posibles: que la incidencia epidémica disminuya al aumentar la movilidad, que esta incidencia aumente y que ambos fenómenos se combinen, de forma que para movilidad pequeña un aumento de la misma disminuya la incidencia pero la situación se revierta cuando la movilidad pasa a ser grande.
AISLAMIENTO
Los movimientos geográficos a escala mundial permiten explicar recientes brotes epidémicos de enfermedades autóctonas como el zika o el ébola, apuntaron los autores, con lo que “el sentido común nos aconsejaría aislarnos del resto de la población o, al menos, reducir nuestra movilidad para disminuir las probabilidades de contagio”.
Sin embargo, “esta medida de aislamiento no es siempre efectiva”. “Lejos de mejorar la situación, en la mayoría de los casos disminuir la movilidad de las personas conlleva un aumento de las probabilidades de contagio, agravando la situación epidémica", señalan los autores del estudio.
Indicaron que la movilidad recurrente entre diferentes poblaciones o distritos de una gran ciudad -de casa al puesto de trabajo y de regreso a casa-, por ejemplo, puede minimizar los efectos de una epidemia, contrariamente a lo que se podría creer.
La distribución demográfica de la población y los flujos de personas entre sus barrios son los dos factores que determinan el impacto de la movilidad en la propagación de epidemias. Por eso, medidas que pueden resultar efectivas en unas ciudades no lo son en otras.

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