Martes 23/04/2019.

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ARMAMOS LA GORDA CON EL GORDO

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Ortega y Gasset se peleó con Unamuno por la bondad de la Lotería

  • Unamuno, como le pasaba en las cosas de la fe, pensaba que tampoco con el azar era prudente descartar la posibilidad.
  • Es posible que la clave del éxito de la Lotería esté en que, como dijo el poeta José Hierro, se trata de un ideal menudo para un tiempo escaso de grandes ideales.
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  • La venta de Lotería desciende un 2,82% en 2010 con respecto al año anterior

Decía Castelar que hay españoles que no creen en Dios, pero ninguno que no crea en la Lotería. Quizás sea esta cuestión de fe la que mejor explique el idilio que durante dos siglos y medio han mantenido los españoles con la lotería. Tierra de santos y devociones, España es una nación que cree en la suerte, el destino o la providencia.

González Ruano afirmaba que los españoles tienen la costumbre de atribuir a la suerte toda circunstancia y que nadie ve en el triunfador el resultado de una inteligencia tenaz o un trabajo incesante. El español prefiere interpretar el éxito como una conjunción de factores enigmáticos y, llegado el caso, resuelve que el que ha llegado a lo más alto, es un hombre con suerte. “Si no todo, mucho de la vida es lotería, escribió el columnista José Luis Castillo Puche, caer bien, llegar a tiempo, acertar. Nadie debe aceptar el fatum malévolo de considerarse hombre desposeído de toda suerte”.

Para Julio Camba, la cosa era más sencilla que todo eso. “Cualquier persona está dispuesta a ganar sin esfuerzo quince millones de pesetas”, decía en 1928. Para el periodista y escritor gallego, no había nada peculiar en los españoles que les incitase a jugar a la lotería por encima de otros pueblos. “Jugarán los negros igual que los blancos y los amarillos igual que los pieles rojas. Jugarán los braquicéfalos y los dolicocéfalos, así como los individuos de pelo crespo y los de cabello lacio. Jugarán el Norte y el Mediodía, el Oriente y el Occidente, el pino y la palmera. El pueblo español es esto o lo otro o lo de más allá; pero no juega a la lotería porque sea como es, sino porque tiene unos gobiernos paternales que le dejan jugar”, concluía.

He aquí una de las cuestiones sustanciales. Al contrario que en otros países de nuestro entorno, la Lotería nunca ha estado prohibida en España. Desde que el marqués de Esquilache, ministro de Carlos III, instaurase en 1763 aquella primera lotería importada de Italia, la institución ha permanecido inalterable al paso del tiempo, protegida como monopolio estatal y nunca vetada por una autoridad paternalista que aceptaba este juego sobre otros, siempre que pudiese a cambio gestionar sus beneficios. Con razón decía Jacinto Benavente: “¡Admirable institución es la lotería! ¿No es acaso la única felicidad positiva que debemos a nuestros gobiernos?”.

No obstante, esa permisividad con la Lotería generó no pocas críticas contra los gobernantes españoles. El economista, político y periodista Francisco Rivas Moreno, aseguró en 1925 que la lotería, al privar al carácter nacional de cualidades tan esenciales como la previsión y la perseverancia, se convertía en el colaborador más funesto y activo del anarquismo. El propio Marx veía la cosa desde otro punto de vista, considerando las loterías como una distracción del capitalismo que, con vagas promesas de riqueza, trataba de persuadir al proletariado en contra de la revolución.

En la misma línea, el joven y arrogante periodista que todavía era José Ortega y Gasset, interpelaba a Miguel de Unamuno sobre el espíritu de la lotería afirmando que era cosa honrada “desterrar de España la esperanza en el genio y alentar los pasos lentos y mesurados del talento”. Sin embargo, don Miguel le respondía con toda sencillez: “Yo, que como los más de los españoles puedo tirar una vez al año cinco duros, juego a la lotería de Navidad, a ver si me cae el premio gordo, aunque sin hacerme ilusiones al respecto ni echar sobre ello los cuentos de la lechera, creo que la esperanza en el genio no es obstáculo para que cada cual trabaje por sí mismo, preparándose así al advenimiento de aquel, si es que ha de llegar”. Unamuno, como le pasaba en las cosas de la fe, pensaba que tampoco con el azar era prudente descartar la posibilidad.

Es posible que la clave del éxito de la Lotería esté en que, como dijo el poeta José Hierro, se trata de un ideal menudo para un tiempo escaso de grandes ideales. Para el poeta madrileño, la lotería era también una forma “concreta y pequeña” de poesía, pues permite “llenar huecos melancólicos de nuestra existencia”. La lotería nos da, en fin, esa necesidad imperiosa de evasión de la que hablaba Pascal, sustrayéndonos por algún tiempo de esa pesada causalidad que rige la vida cotidiana y cambiándola por la azarosa casualidad del juego. Ya lo escribió, más conciso que ningún otro, el madrileño Pedro Salinas: “De ti me fío, redondo, seguro azar”.

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