Miércoles 08/11/2017.

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Lección de torería y mando de Antonio Ferrera ante ásperos "Torrestrellas"

El diestro extremeño Antonio Ferrera, que cortó la única oreja de la tarde, dio hoy toda una lección de torería, mando y capacidad resolutiva ante la áspera y temperamental corrida de Torrestrella, lidiada en el segundo festejo del abono bilbaíno.
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  • Lección de torería y mando de Antonio Ferrera ante ásperos "Torrestrellas" EFE

El diestro extremeño Antonio Ferrera, que cortó la única oreja de la tarde, dio hoy toda una lección de torería, mando y capacidad resolutiva ante la áspera y temperamental corrida de Torrestrella, lidiada en el segundo festejo del abono bilbaíno.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Torrestrella, dispares de hechuras y de cuajo, pero todos con seriedad en las cabezas. En conjunto, corrida de temperamento y aspereza, con movilidad, pero sin entrega o a la defensiva en los engaños. El cuarto, mansón y noble, fue la excepción a la norma.

Juan José Padilla, de azul noche y oro: estocada caída y descabello (silencio); pinchazo bajo, estocada delantera desprendida, dos descabellos, estocada baja delantera y descabello (silencio tras aviso).

Antonio Ferrera, de fucsia y oro: pinchazo y estocada desprendida (ovación tras aviso); estocada trasera desprendida (oreja tras aviso).

El Fandi, de añil y oro con remates negros: media estocada trasera tendida y descabello (silencio); estocada caída y dos descabellos (silencio).

Segundo festejo de abono de las Corridas Generales, con un tercio de entrada en los tendidos (unas 4.500 personas).

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UN MAESTRO FUERA DE CONTEXTO

Quizá el cartel de toreros-banderilleros, con el que se quiere evocar aquella memorable combinación de los años ochenta, no sea el más adecuado contexto para que se valore en toda su dimensión la maestría y la soberbia capacidad lidiadora de la que lleva tiempo haciendo gala Antonio Ferrera.

La festiva receptividad del público que acude a este tipo de festejos, en busca de la vistosidad del segundo tercio sobretodo lo demás, no parece la más idónea para que se aquilate una tarde como la que Ferrera en Bilbao, digna, por su riqueza de matices, de una tarde de mayor categoría y expectación.

El hecho es que la única oreja que se le pidió y concedió no pareció premio suficiente para el despliegue de torería, mando e inteligencia que hizo el maestro pacense ante una compleja corrida de Torrestrella, que, por su aspereza defensiva, exigía un plus de firmeza y dominio por parte de quien se pusiera delante.

Y así se manejó Ferrera con los dos toros de su lote, con los que se asentó con entrega en la arena hasta imponerse sobradamente a base de aguante, mando y criterio lidiador, no sólo dominándoles sino también atemperándole y alargándoles las desabridas arrancadas con su templada muleta, tan firme de planta como de pulso.

Pero, como sucedió especialmente ante su primero, Ferrera lo hizo todo con tan tanta facilidad, aparentemente sin gran esfuerzo, que sus enormes méritos no llegaron a encontrar el "eco" suficiente en el tendido. Y, por eso, un simple pinchazo antes de la estocada dejó su balance en el primer turno en una rácana ovación, cuando debió pasear una oreja de tanto peso como la que, ante tan apabullante evidencia, ya sí que le dieron del quinto.

Además, Ferrera dio en Bilbao una muestra más de su firme personalidad en un detalle ajeno a la lidia pero no por ello menos importante, como fue negarse a banderillear a su segundo en cuanto, ya camino de la cara del toro, algunos espectadores pitaron su intención de hacerlo con unas banderillas vestidas con los colores de la bandera nacional.

El resto de esta corrida de matadores-banderilleros no tuvo excesiva historia ni siquiera en los tercios de banderillas, que la terna cubrió conjuntamente en los tres primeros astados, pues lo hicieron sin brillo, de manera esquemática, sin alardes y sin gran compromiso en los embroques.

Ya con la muleta, Juan José Padilla estuvo voluntarioso pero poco resolutivo con el avacado toro que abrió plaza, que se le coló en bastantes ocasiones, y se alargó más de la cuenta con el estrecho cinqueño lidiado en quinto lugar, el único manejable de la corrida aunque siempre con una insulsa nobleza.

Apenas se empleó el toro en los engaños de Padilla, que le hizo una faena populachera y movida antes de pasar más apuros de los normales con la espada y el descabello.

Por su parte, a El Fandi le correspondieron los peores toros del encierro gaditano, y con los dos resolvió con corrección, sorteando como pudo las malas intenciones de uno y abreviando ante las cortas y toponas acometidas del otro.

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