Sábado 11/11/2017.

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Elsa Punset: Si políticos se reúnen en el espacio, verán que no hay fronteras

"Si nuestros políticos pudieran reunirse en el espacio, se darían cuenta de la realidad, y es que somos uno y que no hay fronteras". Es la opinión de la filósofa Elsa Punset, que invita a los dirigentes a "no inventarse diferencias donde no las hay, aprender el valor de la empatía y ponerse en la piel del otro".
  • Elsa Punset: Si políticos se reúnen en el espacio, verán que no hay fronteras EFE

"Si nuestros políticos pudieran reunirse en el espacio, se darían cuenta de la realidad, y es que somos uno y que no hay fronteras". Es la opinión de la filósofa Elsa Punset, que invita a los dirigentes a "no inventarse diferencias donde no las hay, aprender el valor de la empatía y ponerse en la piel del otro".

De eso se dio cuenta el astronauta Edgar Mitchell cuando orbitaba la Tierra en el Apolo 14, vaticinando que si fueran posibles esos encuentros políticos en las estrellas, "la vida en la Tierra sería muy diferente, porque no podemos seguir viviendo como lo hacemos una vez has visto la perspectiva más amplia".

Este y otros consejos quedan recopilados en "Felices", un viaje por las herramientas que los antiguos filósofos griegos, egipcios y chinos hasta los nombres más prestigiosos de la psicología moderna han desplegado para la búsqueda y conquista de la felicidad. "No sé si fácil, pero sí es posible", asegura en una entrevista a Efe su autora.

- Pregunta: Después de "El libro de las pequeñas revoluciones", vuelves a afrontar la felicidad.

- Respuesta: Son dos libros bastante diferentes y complementarios. "Felices" sigue con el concepto de pequeñas revoluciones, pero con un enfoque muy distinto. El mensaje para los lectores es: no estáis solos, formamos parte de una humanidad que lleva en esta búsqueda de la felicidad muchos siglos, aprovechemos esta sabiduría.

- P: Detrás hay mucho trabajo de documentación...

- R: Hubo una parte que me ocupó mucho tiempo, la de los antiguos chinos, que yo no conocía. Me emocionó descubrir que Buda, Confucio y los griegos podrían haber convivido en el planeta porque les interesaban las mismas cosas.

Era una montaña de información y yo insisto siempre en ofrecerla de forma práctica, y ese esfuerzo ha requerido muchas noches en blanco. Pero el conjunto creo que logra inspirar.

- P: Incluyes además testimonios de tus lectores.

- R: Cuando empecé, les pregunté en mis redes sociales por una pequeña revolución que hubieran hecho y que más les haya servido. Quería la voz de otras personas que no son los grandes sabios pero que son grandes sabios en sus vidas. Tengo un público maravilloso, que prueba las cosas que les sugieres y que te lo cuentan. Por eso he dedicado el libro a los lectores, quería devolverles algo de lo que me dan a mí.

- P: Por cómo lo pintas, parece fácil ser feliz.

- R: No sé si fácil, pero sí posible; la felicidad es una conquista que requiere un esfuerzo contra la tendencia natural del cerebro a refugiarse en lo conocido y en lo negativo, porque tenemos un cerebro programado para sobrevivir que le da más importancia a lo negativo que a lo positivo, por lo que tienes que estar entrenándolo.

La felicidad no es algo que solo viene de fuera y que no depende de ti; al contrario, cuanto más consigues que dependa de ti, de tus decisiones y de tu actitud, más vas a poder mejorarla.

- P: ¿Cómo podemos luchar contra lo que no depende de nosotros?

- R: Muchos griegos proponían lo que ahora denominamos minimizar o distanciarse: te imaginas que estás sobrevolando el planeta y ves como se va alejando tu problema, y también cómo se van diluyendo las fronteras. Haciendo estos ejercicios de distanciamiento nos damos cuenta de que creamos muchas más separaciones y fronteras de las que realmente existen.

Los humanos somos muy buenos superando grandes obstáculos, pero bastante malos superando las pequeñas contrariedades. Lo que nos aconsejan a lo largo de los siglos es aprender a gestionar las emociones negativas en pequeña escala porque de ahí depende tu felicidad, mucho más que de las grandes cosas que no controlas. Lo interesante es que nunca terminas, no somos proyectos acabados.

- P: ¿Cómo podemos aplicar esos conocimientos tan antiguos a la sociedad actual?

- R: Son la base porque la humanidad no ha cambiado. Lo importante es saber que puedes hacer algo para poner algo de luz en la oscuridad, que puedes cambiar algo en ti, salir de un papel pasivo y saber que realmente puedes hacer algo para mejorar tu vida.

- P: Pero hace falta tiempo...

- R: ¿Para qué queremos el tiempo? Cuando estamos siempre en modo supervivencia, a veces nos olvidamos de lo que realmente nos va a importar al final de nuestra vida. Se trata de equilibrar la urgencia de la supervivencia diaria con una vida que al final te ha merecido la pena.

- P: ¿Se puede ser igual de feliz en cualquier parte del mundo?

- R: Es evidente que es más fácil ser más feliz en entornos que no te amenacen. Pero he dado la vuelta a muchos países para probar que hay tantas formas de hacerlo, es cuestión de abrir el libro, dejarse inspirar y probar. A mí lo que me ayuda es ver personas como Nelson Mandela que eligen dejar atrás, no cargarse de odio o gestionar la ira.

- P: ¿Y qué consejo darías para gestionar esas iras que últimamente salpican la situación política?

- R: Es cuestión de darnos cuenta de que somos mucho más similares, donde quiera que vayamos, de lo que creemos. Conocemos los miedos humanos desde hace tiempo y hay que aprender a enfrentarse a ellos y a no inventarse diferencias donde no las hay. Confucio tenía un ejercicio que invitaba a las familias, y esto se podría hacer como país, a intercambiar durante unas horas los papeles, y así te ponías en la piel del otro. Sabemos que cuando decidimos solamente desde las emociones, lo podemos hacer con enormes prejuicios. Aprender a acercarte al otro, a dialogar con él, a ponerte en su piel, a no demonizarle, y darte cuenta de que las diferencias son casi todas inventadas es algo que nos están diciendo desde hace siglos nuestros antepasados.

Al final hay algo que nos une a todos dentro de este mundo complicado. Edgar Mitchell ya decía que cuando orbitaba la Tierra, veía y sentía una unidad en vez de fragmentaciones o divisiones artificiales, y que si nuestros políticos pudieran reunirse en el espacio verían la realidad, que es que somos uno, no somos miles, no hay fronteras. No podemos repetir la historia para mal constantemente.

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