Viernes 13/10/2017.

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Alejandro Talavante sale a hombros y marca la diferencia en Zaragoza

El diestro extremeño Alejandro Talavante, que salió a hombros tras cortar tres de las seis orejas concedidas, marcó las diferencias, por temple y calidad, en la corrida de hoy de la feria del Pilar de Zaragoza, para la que se puso el cartel de "no hay billetes" en las taquillas.
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  • Alejandro Talavante sale a hombros y marca la diferencia en Zaragoza EFE

El diestro extremeño Alejandro Talavante, que salió a hombros tras cortar tres de las seis orejas concedidas, marcó las diferencias, por temple y calidad, en la corrida de hoy de la feria del Pilar de Zaragoza, para la que se puso el cartel de "no hay billetes" en las taquillas.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Núñez del Cuvillo, bajos de agujas y de justo trapío, pero con serias y astifinas encornaduras. La corrida ofreció muy buen juego en conjunto, aunque con distintos matices que fluctuaron entre la casta y el temperamento y cierta aspereza defensiva. El mejor, por la entrega y recorrido de sus embestidas, fue el primero.

Sebastián Castella, de carmesí y oro: bajonazo trasero (oreja tras aviso); estocada trasera (ovación).

Alejandro Talavante, de negro y azabache: estocada caída muy trasera (oreja con petición de la segunda); estocada muy trasera (dos orejas tras aviso). Salió a hombros.

Roca Rey, de gris plomo y plata: estocada tendida (oreja); estocada desprendida y descabello (oreja tras aviso).

Séptimo festejo de abono de la feria del Pilar, con el cartel de "no hay billetes" (10.500 espectadores).

TEMPLE Y TRAZO

Seis orejas seis se cortaron en el que se preveía festejo estrella de esta feria del Pilar. No en vano ha sido el único en el que el público ha hecho que se coloque el cartel de "no hay billetes", pero también, a posteriori, el que ha arrojado el resultado más redondo y triunfal de todo el abono.

A tenor de los trofeos concedidos es fácil deducir que el público se divirtió y disfrutó con el espectáculo propiciado, en gran medida, por los toros de Núñez del Cuvillo, cuyo armónico trapío, a diferencia de la mayoría de los lidiados hasta ahora, fue determinante para que ofrecieran tanto y tan buen juego.

Pero, más allá del triunfalismo y de la euforia, de tan redonda tarde de toros sobresalieron especialmente las faenas de Alejandro Talavante, que marcó las diferencias con sus también triunfantes compañeros por una única cuestión conceptual: la del toreo templado y de trazo largo que interpretó.

Con una irrenunciable suavidad, para citar, enganchar y llevar las embestidas fue como el extremeño asentó ya las medidas fuerzas de su primero, graduando con precisión la exigencia en el mando, las pausas y los tiempos que el animal necesitaba para romper.

Y así, además de los pases finales mirando al tendido y otros muletazos muy estimables, llegó a ligarle también dos soberbias tandas de naturales que alcanzaron las más altas cotas de toreo de la tarde. Más que nada porque se sucedieron a tres velocidades menos que los de sus compañeros de cartel.

Pero el triunfo grande de Talavante vino con el quinto, un toro que amagó rajarse en los primeros tercios pero que acabó entregándose también a su muleta. Un inicio de rodillas, aguantando pasmosamente las fuertes oleadas del de Cuvillo, preludió una faena marcada por las mismas pautas de suavidad y temple del torero de Badajoz.

Talavante usó la tela como atractivo cebo para limar el comportamiento un tanto reservón del animal, al que pasó y cuajó con aparente facilidad para cortarle otras dos orejas y avalar la salida a hombros que marcó, de hecho y numéricamente, esa manifiesta diferencia.

Porque Roca Rey se llevó sendos trofeos -no los dos de un solo toro que exige el reglamento aragonés- pero no salió a hombros, en una tarde en la que puso sobre el tapete su variado, fresco y efectista concepto del toreo... aunque no el poso ni el temple que le hubieran llevado a un éxito más rotundo con un buen lote.

Un espectacular e impactante quite por gaoneras a su primero y los pases cambiados por la espalda con que abrió faena pusieron al público en pie, pero, brusco en el manejo de la tela y apabullándolo por momentos, no logró armonizarse con las fuertes embestidas de un astado que acabó refugiado en tablas.

También hubo más ¡uys! que ¡oles! en el trasteo del peruano con el cornalón sexto, en el que volvió a recurrir a los efectismos para compensar el menor calado de sus series de muletazos, ligadas pero también ligeras, sin atemperar ni someter la brusquedad de un toro que agradecía con mayor entrega el mando y la precisión en los cites.

La sexta oreja del dispendio fue para Sebastián Castella, en concreto la que le dieron del primero, el toro más completo y de mayores opciones de la buena corrida de Cuvillo por el largo recorrido de sus repetidas, francas e incansables embestidas, a las que añadía, por fuerza y entrega, una gran transmisión de cara al tendido.

Fue toro, evidentemente, para un éxito mayor que el que logró el francés por una faena de muchos pases, empalmados sin remate más que ligados, y sucedidos e interpretados de forma mecánica, antes de ponerles fin de un feo bajonazo que el público no tuvo en cuenta.

El cuarto, algo dañado de los cuartos traseros, tuvo también una clara nobleza que Castella tampoco supo sacar a flote entre tirones y medios pases acelerados, sin cogerle nunca al ritmo a las embestidas.

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