Lunes 25/09/2017.

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Una Argentina consumista a una década de su peor crisis económica

El consumo se mantiene en auge en Argentina una década después de la oleada de saqueos a tiendas y el estallido de violencia que desembocó en la caída del Gobierno de Fernando De la Rúa en la peor crisis económica de la historia del país.
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El consumo se mantiene en auge en Argentina una década después de la oleada de saqueos a tiendas y el estallido de violencia que desembocó en la caída del Gobierno de Fernando De la Rúa en la peor crisis económica de la historia del país.

Los supermercados y tiendas de comestibles que en diciembre de 2001 eran saqueados por pobres y desocupados ven hoy multiplicadas sus ventas en un contexto de crecimiento económico que ahora afronta la amenaza de la crisis global y altos índices de inflación.

Para fines de 2001 se multiplicaba además la ira entre las capas medias y altas de la población por trabas a la retirada de fondos de los bancos, el "corralito" financiero que marcaría el principio del fin a casi once años del neoliberal Plan de Convertibilidad entre el peso y el dólar con una paridad de "uno a uno".

El "corralito", que en enero de 2002 se agrandaría con la retención lisa y llana de millonarios depósitos, lo inició Domingo Cavallo, de nuevo ministro de Economía tras haber creado la "convertibilidad", en 1991, cuando ocupaba el mismo cargo pero bajo el Gobierno de peronista de Carlos Menem (1989-1999).

Cavallo, quien renunció el 19 de diciembre de 2001, un día antes que De la Rúa, intentaba evitar una crisis bancaria en medio de un programa de "déficit cero" y de una recesión que había estallado a mediados de 1998, con un índice de desempleo del 25 por ciento y una pobreza superior al 50 por ciento.

De la Rúa, líder de la Alianza entre la socialdemócrata Unión Cívica Radical y peronistas disidentes con el neoliberalismo de Menem, abandonó la Casa Rosada, sede del Gobierno, en medio de un estallido popular que dejó una treintena de muertos a manos de las fuerzas de seguridad.

Para enero de 2002, Argentina era gobernada por el peronista Eduardo Duhalde, elegido por una Asamblea Legislativa luego de una crisis institucional y de que se declarara el cese de pagos de la deuda soberana, el mayor de la historia financiera (unos 102.000 millones de dólares).

Duhalde (2002-2003) dispuso restricciones financieras sobre depósitos bancarios por el equivalente a unos 46.000 millones de dólares, además de reprogramar la devolución de inversiones a plazo por unos 20.000 millones.

La banca guarda silencio sobre la cantidad de demandas judiciales aún pendientes por la retención de fondos bancarios, si bien se presume que "muy pocos" se quedaron sin cobrar, comentó a Efe Juan Seliman, antiguo directivo de la disuelta agrupación Ahorristas Bancarios Argentinos Estafados.

"Muy pocos no han cobrado nada, pero la gran mayoría perdió mucha plata", aseguró tras remarcar que "sólo los bancos saben" cuántas demandas judiciales siguen en pie de unas 70.000 que se calcula que pusieron a los tribunales al borde del colapso.

En aquellos días se sucedían los tumultos dentro y fuera de oficinas bancarias, que trabajaban con las persianas bajas y custodia policial reforzada frente a miles de personas que acudían con la esperanza de salvar sus ahorros en medio del clamor para que "se vayan todos" los políticos.

Un informe de la cardiológica Fundación Favaloro dio cuenta en 2006 que unas 20.000 personas habían muerto hasta entonces a causa de enfermedades del corazón provocadas por el "corralito", que además disparó las ventas de psicofármacos.

Lejos de los saqueos de hace una década, las ventas de los supermercados alcanzaron a unos 7.391 millones de pesos (1.718 millones de dólares) en los primeros diez meses de este año, con un alza interanual del 26,5 por ciento dentro de una tendencia alcista que comenzó hace ocho años.

Tras retroceder un 20 por ciento a causa de la recesión que había estallado en el segundo semestre de 1998, Argentina comenzó en 2003 una era de crecimiento económico continuado a una tasa cercana al ocho por ciento anual en promedio, salvo el paréntesis del mero incremento de 2009 provocado por la crisis en EEUU.

El índice de desempleo se sitúa en el 7,2 por ciento, según datos oficiales que dan cuenta de una inflación anual de alrededor del 9 por ciento frente al 25 por ciento que calculan consultoras privadas.

Luis Dargent

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