Sábado 09/12/2017.

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La guinda en la apoteosis de Karabatic

A Nikola Karabatic, considerado el jugador más determinante del balonmano mundial en la última década, le quedaban pocos logros por conseguir. La victoria en el Mundial en su propio estadio es la guinda a una carrera plagada de éxitos.

Como él mismo se ha afanado en repetir desde que comenzó el Mundial de Francia, ganar ante tu público es algo que todo jugador puede conseguir, como máximo, una vez en su carrera.

Y, quizá por ello, el exjugador del Montpellier, del Barcelona, del Kiel y, desde 2015 en el París Saint-Germain, se ha mostrado particularmente concentrado en esta competición.

Karabatic es el rostro más visible de una generación que lo ha ganado todo y que con el triunfo en la final ante Noruega redondea una historia de éxito.

Pero también es el jugador más popular, el más querido por el público, el más utilizado por las marcas para sus anuncios, el más fotografiado en la prensa.

Por ello se le ha bautizado como el "Zidane del balonmano", porque su figura emerge de un grupo que también se ha ganado el apelativo de "dream team".

Con el de hoy, Karabatic suma cuatro títulos mundiales -de los seis que tiene Francia-, tres europeos y dos olímpicos. Su nombre está grabado con fuego en diez de los doce títulos internacionales de la selección francesa.

En dos ocasiones ha sido elegido mejor jugador del mundo (2007 y 2014), aunque su influjo en Francia va más allá de esos galardones y pocos ponen en duda que se trata del espíritu del equipo.

Los jóvenes que llegan a la selección, la generación nacida en los 90, con nombres como Ludovic Fabregas, Kentin Mahe o Nedim Remili, han repetido a lo largo de todo el Mundial que Karabatic es su fuente de inspiración y también una motivación suplementaria, la de ayudarle a ganar un título en su territorio.

Porque el triunfo es una cultura en este jugador nacido en Serbia, hijo de un exguardameta croata que jugó en Francia, donde posteriormente ejerció como profesor de educación física y que desde muy niño trasmitió a su vástago los valores del deporte y de la victoria.

En las 16 campañas que completa como profesional, Karabatic ha sido campeón con su club en 14. Las dos en las que no lo fue están ligadas al desagradable caso de las apuestas ilegales, una acusación que le valió parte de su predicamento entre los franceses, cuando se supo que su esposa y las mujeres de otros compañeros del Montpellier apostaron que el equipo perdería un partido contra el Cesson, un rival que se jugaba el descenso.

Los que apostaron ganaron importantes cantidades de dinero, pero despertaron las dudas de las autoridades que abrieron una investigación que acabó en los tribunales, que le condenaron a una multa de 10.000 euros.

Karabatic tuvo que abandonar el Montpellier para recalar en el Pays d'Aix, con el que no sumó el título.

En Europa, el jugador suma tres Ligas de Campeones, una con el Montpellier, otra con el Kiel y una tercera con el Barcelona.

El rostro más reconocible del balonmano francés es también una máquina de hacer dinero, al frente de una empresa que reposa en su imagen.

Porque, además de un prodigio precoz en el balonmano, Karabatic también lo fue en los estudios, en los que consiguió un bachillerato científico con 16 años.

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