Viernes 21/09/2018.

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El disco duro de Ricardo Cavolo está repleto de archivos cinéfilos

Muralista, ilustrador enciclopédico y diseñador de moda, el salmantino Ricardo Cavolo toca tantos palos que es difícil definirle, pero hay algo claro: a sus 35 años ha logrado construir una imaginería tan propia que resulta imposible no reconocer su trabajo a un simple golpe de vista.
  • El disco duro de Ricardo Cavolo está repleto de archivos cinéfilos EFE

Muralista, ilustrador enciclopédico y diseñador de moda, el salmantino Ricardo Cavolo toca tantos palos que es difícil definirle, pero hay algo claro: a sus 35 años ha logrado construir una imaginería tan propia que resulta imposible no reconocer su trabajo a un simple golpe de vista.

Rostros con dos filas de ojos, colores básicos, trazos de toque naif y una simbología tribal repleta de llamas y estrellas son los mimbres de un estilo por el que le reclaman internacionalmente firmas comerciales, sí, pero también ciudades e instituciones que quieren ver en sus calles o sedes alguno de sus impactantes murales.

Con ritmo creativo cuasiestajanovista, Cavolo, que ha trabajado para marcas de lujo como Gucci, Bally o Alexander McQueen y gigantes de la talla de Levi's, Nike o Zara, acaba de publicar una de sus propuestas más personales, un libro donde desvela las "100 películas sin las que no podría vivir" (Lunwerg), según reza el título, indicativo de cuál es su "subconsciente" creativo.

Hay clásicos inexcusables -"La parada de los monstruos", "El apartamento" o "El Padrino" - pero el grueso de la selección es netamente personal y propio de alguien nacido en los ochenta. Desde "Conan el Bárbaro", "Indiana Jones", "Los Goonies", "Trainspotting" o "Toy Story", a otras más "serias" del tipo "Hacia tierras salvajes", "Ciudad de Dios" o "Winter's bone".

"Tenía que ser un ejercicio honesto. Podría haber hecho una lista con títulos de los cincuenta y sesenta y quedar estupendamente, pero ha sido una especie de radiografía. Pelis que tengo metidas en el cerebro y afectan a casi cada cosita que hago, porque las vi en ese momento en que estás absorbiéndolo todo. La fascinación que te provoca algo con siete años no tiene nada que ver con la que te genera a los treinta y tantos", revela.

La pintura de principios del Medievo (con el apocalipsis de Beato de Liébana, al frente), el arte "outsider" generado al margen del mercado -con algún tipo de enfermedad mental incluso- y cierto mundo primitivo y tribal navegan también por el intrincado cerebro de este artista al que las marcas suelen dar carta blanca.

Cavolo reconoce que le gusta mucho el formato de compilación que ya utilizó en "Historia ilustrada de la música" o en "Periferias. Un gran libro ilustrado de lo extraordinario" donde el artista puso el foco de la belleza en "los otros" o "lo otro", personas, lugares y cosas nada convencionales.

La polilla colibrí, los niños soldado, el músico Charlie Patton, los animales albinos, las colonias de autocaravanas, los espacios neutros de los aeropuertos, el musgo, las niñas diosa Kumari, Siberia... son algunas de las variopintas entradas de esta extraña selección de un mundo que gravita lejos de miradas poco curiosas.

"'Periferias' fue una paja mental que tenía en la cabeza. Es lo más personal que hecho. Mi obsesión pura y dura por las periferias desconocidas", explica el artista sobre una fijación que le viene de pequeño, cuando convivió con una familia gitana que le permitió acceder a los dos lados de la sociedad: "la cara A, normal y bonita, y la B, esos sitios a los que la gente no les gusta mirar".

De todas formas, adelanta que quiere "cambiar de tercio". Nada de listas para el libro que tiene entre manos, una autobiografía, a la vez que trabaja en dos exposiciones, en Ciudad de México y Montreal, que tendrán como tema las banderas.

Cavolo forma parte de un grupo de jóvenes ilustradores españoles -junto a Paula Bonet, Ricardo Fumanal, Ignasi Monreal, Sara Herranz, entro otros- que han desarrollado su trayectoria en un momento dulce para este ámbito creativo.

"En España se ha llegado tarde al 'boom' de la ilustración, pero al final las editoriales se han dado cuenta de que se pueden hacer otro tipo de libros. No es que haya más creadores haciendo cosas, simplemente es que contamos con mayor soporte", afirma sobre el auge de libros ilustrados.

Con estudio en Barcelona, donde reside desde hace tres años, el creador apunta lo complicado que es vivir en España de "dibujar", lo que le obligó en un principio a aceptar la mayoría de encargos que le llegaban, aunque ahora ya se pueda permitir el lujo de elegir.

"Yo sólo lo he logrado en los últimos años. Si quieres dedicarte a esto, hay que trabajar mucho", comenta el salmantino, que tras acabar Bellas Artes fue técnico de iluminación durante un tiempo.

Cavolo no tiene problemas tampoco con la escala. Combina la ilustración de libros y los diseños para marcas con los proyectos sobre grandes superficies. Ahí están los 400 metros cuadrados de un mural en Montreal (que le obligó a trabajar con grúa) o los creados en Moscú, Hong Kong, París o Londres. Sin embargo, en España todavía tiene pocas obras -Madrid, Getafe o Barcelona- "porque esto de los murales no está tan rodado", se lamenta.

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