Miércoles 25/10/2017.

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El Museo Picasso evoca la última estancia del pintor en Barcelona en 1917

El Museo Picasso de Barcelona evoca la última estancia prolongada del artista malagueño en la capital catalana, en el año 1917, con pinturas, dibujos y diversa documentación, en la primera de las cuatro exposiciones simultáneas con las que la institución abre temporada.
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  • El Museo Picasso evoca la última estancia del pintor en Barcelona en 1917 EFE

El Museo Picasso de Barcelona evoca la última estancia prolongada del artista malagueño en la capital catalana, en el año 1917, con pinturas, dibujos y diversa documentación, en la primera de las cuatro exposiciones simultáneas con las que la institución abre temporada.

Desde que en 1904 se instaló en París, Picasso no había pasado tanto tiempo en Barcelona como aquel año de 1917 y posteriormente sólo volvió durante breves períodos estivales, en 1933 y 1934, ha recordado hoy la comisaria, Malen Gual.

Picasso, que había hecho los decorados y vestuario para "Parade", acompañó a los Ballets Rusos de Serge de Diaghilev y se instaló en Barcelona de junio a noviembre de 1917, después de una breve estancia en Madrid, en un momento en el que la capital catalana se había convertido en uno de los epicentros culturales europeos coincidiendo con la I Guerra Mundial.

La presencia de Picasso en Barcelona se celebró en los círculos artísticos y la prensa diaria le dedicó numerosos artículos.

Para Gual, este período barcelonés de Picasso es muy interesante desde el punto de vista artístico ya que se trata de "un momento de búsqueda de nuevas fuentes y recursos plásticos, en el cual el artista alterna entre los cánones más rigurosos del cubismo con una línea más clásica y realista".

El museo conserva todos los óleos -excepto uno- realizados durante dicho período, dejados en la casa familiar, ya que no los podía sacar de España, tal como cuenta por carta a Gertrude Stein.

En la exposición se pueden ver pinturas y dibujos que siguen las pautas cubistas con planos geométricos y colores vivos y contrastados, como "Blanquita Suárez", "Mujer leyendo" u "Hombre sentado"; o que suponen un retorno al clasicismo no académico, como "Olga Khoklova con mantilla", "Fatma", "Arlequín" o "Caballo corneado"; y en otros casos, combinando ambos lenguajes como en "Paseo Colón" u "Hombre con frutero".

El museo expone asimismo documentación relacionada con la estancia de Picasso en Barcelona, mostrando su actividad como pintor, pero también en sus momentos de ocio, como su asistencia a los toros o a espectáculos teatrales, los contactos con los amigos, los homenajes recibidos y la participación en actividades de la sociedad civil.

Coincidiendo con el centenario de los Ballets Rusos en el Liceu de Barcelona, el Museu Picasso organizará asimismo un evento conmemorativo.

Después de que en 2016 el museo comprara el fondo fotográfico de Lucien Clergue relacionado con Picasso, que incluye cerca de 600 fotografías en blanco y negro a las sales de plata, todas ellas tirajes de época, una segunda exposición presenta la práctica totalidad del conjunto fotográfico adquirido y lo hace a modo de crónica.

Esta exposición muestra el relato fotográfico de Picasso que Clergue realizó a lo largo de las 27 ocasiones en las que, entre 1953 y 1971, se encontraron en el sur de Francia, donde vivían ambos.

El 5 de abril de 1953 coincidió con Picasso en una corrida de toros en Arles y aprovechó la ocasión para fotografiarlo y enseñarle otras instantáneas. Dos años más tarde se reencontrarían en La Californie, la casa del artista en Cannes, iniciando así una relación de amistad que duró hasta la muerte de Picasso, en 1973.

En las fotografías se puede ver a Picasso con Jacqueline; con amigos como Manuel Pallarès, Palau Fabre o Jaume Sabartés; en el rodaje en 1959 en Arles de la película "El testamento de Orfeo", de Jean Cocteau, en el que Picasso participó junto a Luis Miguel Dominguín, Paulo Picasso, Douglas Cooper o el propio Cocteau; o en varias fiestas gitanas con Manitas de Plata, a quien hace un grabado en su guitarra española.

Ese Picasso íntimo, que incluso juega con los niños, está patente asimismo en una parte de la exposición dedicada a Arthur Cravan, el boxeador poeta, en la que se puede ver al malagueño luchando con su hijo.

La cuarta exposición, "El taller compartido", tiene como objetivo mostrar el gusto por el grabado a través de tres generaciones de la familia Picasso: Pablo Picasso, J. Fín, Vilató y Xavier.

En la muestra, el espectador descubre que esta historia se inicia cuando Picasso lleva a sus sobrinos J. Fín (seudónimo de José Vilató) y Xavier Vilató al taller Lacourière Frélaut en 1939, una historia que continuará cuando Xavier Vilató llevé a su hijo Xavier a los talleres desde muy joven; y esa línea genealógica sigue hoy a través de la obra de Xavier, que trabaja habitualmente con los talleres de talla dulce y litografía.

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