Martes 16/10/2018.

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El Guggenheim expone 200 obras de Henri Michaux, precursor de la psicodelia

El Museo Guggenheim Bilbao abre mañana, viernes, una exposición del inclasificable poeta y pintor belga Henri Michaux integrada por más de 200 obras, incluidas las que el artista pintó, con control médico, bajo la influencia de drogas alucinógenas como la mescalina.
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El Museo Guggenheim Bilbao abre mañana, viernes, una exposición del inclasificable poeta y pintor belga Henri Michaux integrada por más de 200 obras, incluidas las que el artista pintó, con control médico, bajo la influencia de drogas alucinógenas como la mescalina.

Henri Michaux (Nemur, Bélgica, 1899 - París, 1984) experimentó en los años 50 del pasado siglo con sustancias alucinógenas, bajo la supervisión del neurólogo bilbaíno Julián de Ajuriaguerra, pero no de forma hedonista, sino con vocación exploratoria y científica, para "sorprenderse" de las representaciones que surgían de los estados de conciencia alterados.

Los resultados de estos experimentos y obras de otras épocas, hasta abarcar 60 años del trabajo de este autor, se plasman en la exposición "Henri Michaux. El otro lado", que el Guggenheim de Bilbao ha organizado en colaboración con los Archivos Michaux de París y que se mostrará hasta el próximo 13 de mayo.

La retrospectiva, que incluye algunas obras inéditas, ha sido presentada hoy a los medios por el director del Museo, Juan Ignacio Vidarte; el comisario de la muestra, Manuel Cirauqui, y el director de los Archivos Michaux, Franck Leibivici.

Han destacado que Michaux está considerado una figura inclasificable de la literatura y las artes del siglo XX, descrito en ocasiones como "poeta de poetas" y "pintor de pintores", y cuyo trabajo fue alabado por autores como el escritor francés André Gide y el pintor británico Francis Bacon.

Muy prolífico, Michaux realizó miles de obras pictóricas, muchas de ellas en papel y tinta, de las cuales el Guggenmgeim Bilbao expone más de 200 piezas, acompañadas de documentos y objetos que pertenecieron al artista, como estatuillas adquiridas en sus viajes por el mundo o instrumentos musicales.

Con estos objetos se pretende subrayar el interés constante de Michaux por las ciencias, la musicología y la etnografía, y el reflejo de ello en su trabajo.

La exposición recorre desde sus primeras obras de "fondos negros", realizadas en los años 20 y 30, pasando por los "frotagges" -obras en las que pone objetos bajo el papel y 'frota' hasta que aparecen formas- hasta llegar a los "dibujos mescalínicos" y la última etapa en la que Michaux trabaja sobre lienzo y hace obras en color.

Interesado por la pintura gracias a las obras de Paul Klee y Max Ernst, Henri Michaux pintaba para "sorprenderse" a sí mismo, sin imágenes preconcebidas.

Él mismo decía que la única corriente pictórica a la que se podía adscribir era el "fantasmismo", un movimiento imaginado por el propio Michaux para describir su arte de seres y retratos indefinidos.

El director de los Archivos Michaux ha explicado cómo trabajaba el artista: echaba el pigmento sobre el papel y esperaba a que "apareciese" una forma, que después intentaba "fijar" con unos trazos.

"No preparaba lo que iba a hacer, sino que se ponía en disposición de lo que iba a suceder sobre el papel", ha señalado Manuel Cirauqui.

Para transmitir la idea de cómo trabajaba el artista en su estudio, muchos de los dibujos expuestos se muestran sin enmarcar en vitrinas.

La exposición contiene una amplia presencia de los experimentos caligráficos de Michaux, quien estuvo fascinado por las escrituras orientales y especialmente por los ideogramas chinos.

En 1955, a una edad ya madura, Michaux tomó parte por primera vez en un experimento con mescalina, un alcaloide extraído del cactus mexicano conocido como peyote, para lo que contó con ayuda de médicos como el neurólogo bilbaíno Julián de Ajuriaguerra, quien escribió un libro sobre la experiencia con el artista.

También bajo los efectos de la psilocibina, el LSD y el hachis, Henri Michaux produjo un gran número de minuciosos dibujos en los que seguía una matriz gráfica: un esquema de surcos y arborescencias, a menudo en forma ascendente, saturado de simetrías y micrografías.

Estas obras, parte de las cuales muestra el Guggenheim Bilbao, encumbraron a Michaux como una figura tutelar de la cultura psicodélica y la música underground, aunque el artista se definió como un sobrio "bebedor de agua" nada interesado por los paraísos artificiales.

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