Lunes 05/11/2018.

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Frisia expone la vida y viajes de Escher, el autor de grabados matemáticos

El Museo de Frisia, en el norte de Holanda, cuenta desde este fin de semana la historia personal de su hijo predilecto, MC Escher, quien se inspiró en las matemáticas para sus grabados artísticos, influenciados por el paisaje italiano y por sus visitas a la Alhambra (España) en 1936.
  • Frisia expone la vida y viajes de Escher, el autor de grabados matemáticos EFE

El Museo de Frisia, en el norte de Holanda, cuenta desde este fin de semana la historia personal de su hijo predilecto, MC Escher, quien se inspiró en las matemáticas para sus grabados artísticos, influenciados por el paisaje italiano y por sus visitas a la Alhambra (España) en 1936.

"Se le conoce su arte, pero pocos saben que Escher era un hombre de mundo. Le gustaba viajar y se mudó a Italia, donde se enamoró del paisaje y se inspiró para sus cuadros. Hemos querido traerle a casa con esta exposición después de 120 años", explicó a Efe la conservadora de esta exposición, Judith Spijksma.

De nombre Maurits Cornelis, Escher nació en 1898 en Leeuwarden -Capital Europea de la Cultura 2018-, se convirtió en uno de los artistas más famosos del mundo y ahora es motivo de orgullo y atención en la región de Frisia.

La exposición incluye las fotografías de aquel niño que acudía a la escuela forzado, al que no le gustaba estudiar pero que era "tremendamente bueno en las clases de pintura, lo que le llevó a ganarse la admiración de todos sus profesores", según Spijksma, que estudió al milímetro la vida del artista.

Objetos, fotografías, dibujos no acabados, bocetos y grabados impresionantes cuentan el desarrollo de la vida de Escher, desde su juventud, pasando por la formación que recibió en Haarlem, el largo periodo que residió en Italia, y la escapada en barco en 1936 del fascismo italiano, que le llevó hasta Suiza.

Ese mismo año, en pleno comienzo de la Guerra Civil Española, abandonó Suiza y viajó hacia Granada, donde visitó la Alhambra, "una experiencia clave en su vida porque los ornamentos moriscos le permitieron crear sus propios patrones para fusionar seres vivos con la superficie, algo que en la realidad le parecía imposible", añade Spijksma.

Vivió durante años en Roma, con su esposa suiza Jetta. Ella le acompañó en esta experiencia auténtica que le llevó a subirse en burro en varias ocasiones para acompañar a Escher a lo más alto de las montañas que rodean los pequeños pueblos italianos, desde donde siempre vio la vida con otros ojos.

Plasmó su arte de inspiración matemática, perfectamente reflejado en esta exposición que se puede ver hasta el 28 de octubre, en xilografías, litografías y mezzotintos (tres formas distintas de huecograbados), es decir, "nunca pintó un cuadro real, todos eran grabados desde otra plataforma", explica la conservadora.

Sus cuadros, a tres dimensiones, reflejan suaves graduaciones de tono y de negros diversos, algo que logró trabajando sus ideas sobre una placa de madera o cobre, utilizando herramientas de dientes finos, que le permitieron hacer la impresión final de su idea en papel, dando lugar a sus históricas obras.

"Los viajes que hizo definieron su forma de hacer arte. Italia fue vital y marcó sus primeros trabajos, especialmente en los paisajes de montaña y pequeños pueblos, pero también en sus obras posteriores, como los que reflejan la relatividad, como las escaleras que suben al mismo tiempo que bajan", matiza la experta.

Hijo de una familia de bien, tuvo acceso a la mejor educación, que nunca quiso, y optó por dibujar un cuadro tras otro, renunciando a la teoría, la ciencia y la historia, hasta que llegó a la escuela de estudios gráficos y comenzó a viajar con la ayuda financiera de sus padres hasta que logró independizarse gracias a la venta de sus obras.

"Era muy preciso, cuidadoso, sensible, siguió su propio camino y forma de hacer las cosas. Cuando trabajaba, estaba totalmente centrado. Su gran éxito fue en los años 50, cuando ya empezó a aparecer en las revistas y en otros países", desgrana.

El estallido de la Segunda Guerra Mundial le obligó a regresar a su Holanda natal, sin mayor ánimo para ello porque el paisaje holandés nunca logró inspirarle, pero terminó creando obras e ilusiones ópticas cada vez más complejas e imposibles de seguir.

Tras su muerte en 1972, Escher dejó un gran legado que para sorpresa de muchos aún no aparece en los libros de Historia del Arte que se estudian en las escuelas de este país.

"Es una cuestión incomprensible y a mi también me sorprendió", reconoce la conservadora del museo. Imane Rachidi

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