Jueves 22/03/2018.

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"El ángel exterminador" de Portillo: una desasosegante alucinación colectiva

  • Un encierro como un "reality show", repetitivo como el día de la marmota
  • Drama, comedia, parodia, teatro y bufonada le valen a Portillo para su idea

Un encierro como un "reality show", repetitivo como el día de la marmota, enigmático, incoherente y sujeto a múltiples interpretaciones. Así es "El ángel exterminador" de Buñuel y así lo ha defendido Blanca Portillo en su adaptación al teatro, que ha estrenado esta noche en el Español con un gran éxito.

La directora y el autor de la versión teatral, Fernando Sansegundo, no han querido hacer de nuevo la película de 1962, porque habría sido "una tarea tan banal como imposible", y han pretendido mirar "con ojos de hoy" el hechizo que produce la imposibilidad de salir de un recinto tan abierto que no tiene ni puerta.

Se trata de "un grupo de personas que, una noche, al término de una función teatral, va a cenar a casa de una de ellas. Después de la cena, pasan al salón y, por una razón inexplicada, no pueden salir de él", resumía el propio Buñuel y eso era lo único "entendible".

Corderos, osos, águilas y manos cortadas en medio de una sala exquisitamente decorada han sido sustituidos en la versión teatral de Portillo por una gigantesca jirafa yacente, un sofá rojo semicircular, dos dálmatas y un enorme mural con el dibujo de Banksy de un neandertal que sujeta una bandeja de comida basura.

Todo ello metido en una gran caja que recuerda a un mausoleo o un tanatorio parcialmente cerrada por dos paneles de cristal y que un personaje describe como "la jaula de todos".

Allí evolucionan los miembros del "establishment", "gente que corta el bacalao, ajena a los males que afectan a los demás", que no quieren salir de la indolencia de su encierro surrealista, desasosegante, simbólico y elíptico.

El drama, la comedia, la parodia, el teatro y la bufonada le valen a Portillo para una idea fuerza: sea cual sea la clase social, "estamos condenados a entendernos" pero ella tampoco ha querido ir más allá y dejarle mucho más claro al espectador la propuesta de Buñuel.

"No expliques lo que quieres hacer, simplemente hazlo", decía él y ha refrendado ella aunque añadiendo apuntes como que se trata de "una alucinación colectiva o una intoxicación", como dice un personaje, o el papel de la "tejedora", sentada entre el público, y comentando "la jugada": "vivimos tiempos de narices tapadas", anuncia.

Portillo y Sansegundo han decidido concentrar en 14 personajes lo que en la película interpretaban los 22 "presos" para recalcar lo que más les interesaba: el encierro es la falsa salvación y da igual que sea individual, familiar, de un país o de un continente.

Estos nuevos "náufragos de la calle Providencia", como quería Buñuel titular su película, tampoco saben muy bien qué les pasa, qué es esa "peste" que está en el aire, que les hace pasar la noche en el suelo "como refugiados", y que les mantiene en un encierro en el que no hay de nada, no pasa casi nada y lo que pasa se repite una y otra vez.

El humor es la bocanada de aire que permite al espectador sustraerse de la frustración y decepción que viven los personajes y Portillo incorpora propios y recupera alguno de la película como el diagnóstico "mortal" del médico sobre una de las invitadas: "no le doy ni tres meses para que quede completamente calva", asegura.

El Te Deum que cierra la película adquiere aquí una especial relevancia, con varias sorpresas para los espectadores, y el "divertimento en el que no pasa nada más que lo que pasa", como lo describía Buñuel, alcanza una nueva cota de surrealismo, muy aplaudido por el público, entre el que estaban, entre otros, Joan Manuel Serrat, Ángela Molina o Asier Exteandía.

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