Viernes 06/04/2018.

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"La Chana", un corazón "partío" entre Dios y la pureza del flamenco

Antonia Santiago "La Chana" (1946) lleva bailando desde que se acuerda y ahora, con el cuerpo maltrecho, lo sigue haciendo desde una silla y con la ayuda de su fe: "tengo el corazón 'partío', la parte más grande es de Dios y la otra de la pureza del flamenco", asegura en una entrevista con EFE.
  • "La Chana", un corazón "partío" entre Dios y la pureza del flamenco EFE

Antonia Santiago "La Chana" (1946) lleva bailando desde que se acuerda y ahora, con el cuerpo maltrecho, lo sigue haciendo desde una silla y con la ayuda de su fe: "tengo el corazón 'partío', la parte más grande es de Dios y la otra de la pureza del flamenco", asegura en una entrevista con EFE.

Esta "gitana de Barcelona" es la protagonista de un emocionante documental que se estrenó el año pasado y de "La Chana. Bailaora", una biografía que ha escrito Beatriz del Pozo y que acaba de publicar Capitán Swing, en el que se hace un relato directo "de una vida llena en extremo de luces y sombras".

La artista asegura que su vida se ha movido entre el baile y "la tragedia del amor" pero siempre desde "el alma y acompañada por Jesús".

"De la abundancia del corazón habla la boca, y yo el corazón lo tengo 'partío': la parte más grande es de Dios y la otra de la pureza del flamenco", en el que siempre ha tenido claro que sería alguien.

Cuando La Chana vivía el infierno del maltrato con su primer marido un día se revolvió, le miró a los ojos y le dijo que aunque la matara y "esparciera sus cenizas" su nombre "jamás desaparecería".

Para la catalana, el arte jondo nace de la verdad y sinceridad de las personas, es por ello que siempre improvisa, en una "búsqueda constante" de la pureza de su persona, pero sobre la base de un compás que domina como nadie.

"Cuando ya sabes lo que tienes que hacer, el compás, hay que echarse para adelante y decir 'ahora voy yo'", apostilla la bailaora, que opina que hoy en día los artistas están "muy preparados y llenos de facultades" pero a muchos les falta "hablar con el alma".

La Chana recalca que "no es una sabia" y recuerda que nunca ha ido a la escuela: "simplemente digo lo que siento. En la posguerra la gente solo se preocupaba por vivir", resume.

"He visto el cambio y lo único que me duele es que ahora falta la bondad y honestidad. Antes un contrato se hacía con un choque de manos, con la palabra, y eso lo valía todo".

Su vida cambió cuando tenía 17 años y, ya embarazada de su hija Nuria, entró en una iglesia evangélica.

"Vi a un chico joven diciendo que se drogaba y que robaba a la gente y que lo había dejado gracias a Cristo. Era la primera vez que entraba en una iglesia y no entendía por qué lo decía pero, de repente, sonó un cántico que decía 'Él vino a liberarnos, Él vino para salvar a su pueblo que estaba en el pecado y llevarlo a la patria celestial'", explica.

"En ese momento -continúa- me eché las manos a la cara y lloré contra el suelo. Yo no quería llorar, de verdad, me daba mucha vergüenza. No obstante, sentí la mayor liberación de mi vida al llorar de alegría".

Desde entonces ha estado bailando, viajando y mirando a la gente "sin mentir, sin presumir". Ahora, con un "pie taladrado", una muñeca que no puede mover y una operación en la espalda, sigue bailando "gracias a Dios", aunque desde una silla.

"Yo jamás he querido nada, y Jesús me lo da todo. ¿A mí qué me importa que me digan que soy importante? Yo solo quiero estar bien y feliz", subraya.

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