Domingo 23/06/2019.

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Arrepentimiento y perdón (2ª parte)

  • Las palabras del obispo de Bilbao de que ETA tiene que pedir perdón me sonaron, no como un obstáculo que retrasa la paz, sino una condición para asegurarla. Pues pedir perdón es una de las más nobles acciones del hombre. Y siempre la paz se debe establecer sobre la justicia.
  • Hace una semana ya explicó en un artículo que la lucha armada puede ser abandonada por razones diversas.

El que llevemos tres años sin que ETA haya matado a nadie ha producido diferentes reacciones y son muy distintas las voces que se oyen. A mí me ha llamado la atención la voz del obispo de Bilbao, monseñor Iceta, que ha dicho que ETA tiene que pedir perdón.

Algunos consideran esto una condición innecesaria y rigurosa, pero aprendí, junto a san Josemaría, que en tiempos de confusión la Iglesia ofrece su doctrina a través de sus obispos. Y quizá por esto escuché la expresión del obispo bilbaíno con el ánimo preparado para una acogida favorable. Para los que el abandono de la lucha armada por ETA es suficiente señal de su arrepentimiento, ya expliqué, en mi artículo anterior, que la lucha armada puede ser abandonada por otras razones diversas (por ejemplo, cambios de estrategia o por impopularidad del terrorismo…) sin reconocer nunca  que se ha hecho un mal.

Las palabras del obispo me sonaron, no como un obstáculo que retrasa la paz, sino una condición para asegurarla. Pues pedir perdón es una de las más nobles acciones del hombre. Y siempre la paz se debe establecer sobre la justicia.

¿A quién tienen que pedir perdón?

En primer lugar a Dios. Un terrorista ha escrito, en una entrevista en el periódico El Mundo, y si le han entendido correctamente, que no se arrepiente de nada, porque sus 27 asesinatos para él son ejecuciones. Para los creyentes que pueda haber en ETA puede ser interesante recordarles que Cristo nos habla a través de sus sucesores en el Apostolado. Y las palabras de monseñor Iceta pueden ser oídas como una voz maternal, antes que vindicativa.

Lo más grave del pecado de asesinato es la profanación del hombre: “La sangre de tu hermano clama hasta Mí”. Por eso ante un asesinato hay que pedir perdón a Dios.

En segundo lugar a las familias de las víctimas, que han recibido el dolor más fuerte, injusto e irreparable, y que no logran entender para qué y por qué  murieron sus seres queridos.

También deben pedir perdón al pueblo vasco, usurpada su representación con el engaño de una liberación para muchos discutible; y monopolizado un destino, el único criminal, ante otras muchas posibilidades.

Y por último pedir perdón a todos los españoles. Termino dando gracias al obispo de Bilbao por la luz que nos da para una paz verdadera.


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