Sábado 03/12/2016.

Cine

Jesús Franco, el director que se agarró "como un cabrón"

El aire se llena de volutas de humo en presencia de Jesús Franco, uno de los directores más singulares que ha dado el cine español. Pitillo a pitillo, el veterano artista repasa su carrera y muestra su desencanto con el séptimo arte, que considera ha renunciado a su capacidad de sorprender.
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Jesús Franco, el director que se agarró "como un cabrón" Jesús Franco, el director que se agarró "como un cabrón"

El aire se llena de volutas de humo en presencia de Jesús Franco, uno de los directores más singulares que ha dado el cine español. Pitillo a pitillo, el veterano artista repasa su carrera y muestra su desencanto con el séptimo arte, que considera ha renunciado a su capacidad de sorprender.

"Da la impresión de que la gente lo quiere todo bien mascadito y eso es una chorrada, porque le quita emoción al arte en general y al cine en particular. Es una cosa muy estúpida y alentada por las personas más gilipollas del cine, que son los productores", señala Franco (Madrid, 1930) en una entrevista con Efe.

"Luego están los directores, los 'Almodóvar' de este país, que no me convencen para nada porque solo hacen películas antiguas. Y además copian el cine extranjero: no puedo tomarme en serio a Amenábar cuando hace 'Los otros', que es una copia indecente de 'The innocents ('Suspense'). Me da pena todo eso", añade.

Más de doscientas películas adornan la trayectoria de Franco, creador de obras como "La reina de Tabarín", "La mano de un hombre muerto", "La muerte silba un blues", "Rififí en la ciudad", "Gritos en la noche" o "Sobre Pío Baroja". "Es posible que sea uno de los directores más prolíficos en la historia del cine", concede.

"Estaba un año en el Festival de Cannes, tomando un café con Roger Corman, y nos pusimos a hacer una lista de nuestras películas, porque él decía que había rodado más que yo. A los quince minutos me mandó a la mierda, porque mi lista era mucho más larga que la suya", recuerda entre risas.

Todo eso llegó después de su primer viaje a París, a principios de la década de los cincuenta. "Llevaba dinero para quince días y un billete de ida y vuelta en tercera. Tenía las direcciones de institutos que me podían becar y, al final, me quedé casi tres años", apunta.

"Necesitaba conocer cine, porque no sabía más que lo que se podía ver en España, con todas las películas cercenadas. Descubrí el otro lado y, cuando volví, recibí mi primera llamada para trabajar: fue Juan Antonio Bardem, con el que hice cuatro películas de ayudante", apostilla.

León Klimovsky, Julio Bracho, Fernando Soler o Luis García Berlanga también contaron con los servicios de Franco, que en 1959 se lanzó a la producción en solitario con su primer largometraje: "Tenemos 18 años". Tan pronto como llegó la fama, las cosas empezaron a torcerse para el creador.

"A mí me hicieron el primer boicot gordo en 1961, cuando quise hacer una adaptación de 'La rebelión de los colgados'. Presenté el proyecto y la censura previa dijo que era una película roja, anarquista, así que la prohibieron. Al día siguiente me marché de España y estuve trabajando en Francia durante seis años", rememora.

Si no había proyectos propios, el director seguía colaborando en películas ajenas como "Campanadas a medianoche" (1965), en la que asistió a Orson Welles. "Creó un cine sin tics ni pedantería, hecho de frente a la realidad. Tenía una cultura extraordinaria y por eso se atrevía hasta con Kafka", elogia Franco.

Capaz de rodar hasta siete películas en un mismo año, el autor sumó nuevos títulos a su filmografía hasta que alcanzó el éxito internacional en 1968, cuando su "Necronomicón" recibió el aplauso unánime del Festival de Berlín. "Me abrió muchas puertas, eso es indiscutible", reconoce.

"American International pagó una pasta por los derechos y me contrató para hacer más cosas con ellos. Descubrí el mundo de la Serie B americana, que se me abrió de piernas y me permitió hacer un montón de películas", explica el creador, que también ha rodado bajo bandera francesa, inglesa, alemana, belga e italiana.

"Me habría gustado rodar más en España, pero nunca he querido hacer mierdas de forma consciente. Tenía que creer en lo que hacía. Los estamentos oficiales me quisieron comprar muchas veces, pero siempre con payasadas, con trucos para hacerme entrar en unos postulados que detestaba. ¡Que lo haga su padre!", exclama.

"Es posible que esto haya afectado para que mis películas no sean conocidas aquí, pero me da absolutamente igual. A mí me ha puesto la zancadilla desde el Papa hasta el último tirillas del Ministerio de Turismo, pero no me he caído; me agarré como un cabrón y nunca pudieron conmigo", asevera.

Admirado por cineastas como Quentin Tarantino o Joe Dante, Franco mantiene una vitalidad a prueba de bombas y ya prepara cuatro nuevos proyectos: dos historias de terror erótico, una policíaca -adaptación de la novela "El caso de la chica asustada", de Edgar Wallace- y su "primera película porno de verdad".

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