Domingo 19/11/2017.

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Un viaje al embalse de La Serena, el mayor de España, en medio de la sequía

El viaje por la carretera EX-103 hasta el embalse de La Serena, el mayor de España y el tercero de Europa, desemboca en un inmenso mar de agua en el que son evidentes las huellas de la sequía, como salta a la vista durante todo el camino por esta comarca ganadera de Badajoz.
  • Un viaje al embalse de La Serena, el mayor de España, en medio de la sequía EFE

El viaje por la carretera EX-103 hasta el embalse de La Serena, el mayor de España y el tercero de Europa, desemboca en un inmenso mar de agua en el que son evidentes las huellas de la sequía, como salta a la vista durante todo el camino por esta comarca ganadera de Badajoz.

Una vez llegados a la presa, tras dejar atrás la localidad de Puebla de Alcocer, al este queda el agua de La Serena, repartido por una superficie de casi 14.000 hectáreas hasta rozar las provincias de Ciudad Real y Córdoba, con una longitud de costa de 530 kilómetros.

Al oeste está su hermano pequeño el pantano del Zújar, que abarca 1.587 hectáreas.

El embalse de La Serena, que inauguraron los Reyes de España en 1990 tras una inversión de 11.772 millones de pesetas -más de 70,5 millones de euros-, se concibió para controlar las avenidas del irregular río Zújar y aumentar la capacidad de almacenamiento, según explica a Efe la jefa de servicio de la explotación, María José González, a pie de presa.

De hecho, el caprichoso Zújar provocó una avenida durante su construcción y el agua superó los bloques de hormigón que ya se habían levantado, lo que obligó a aliviar agua para poder seguir con los trabajos.

Esta obra de ingeniería llamó la atención porque el embalse de La Serena se levantó dentro del pantano del Zújar, que perdió capacidad al pasar de 700 a 300 Hm3, aproximadamente, pero a cambio se ganó una balsa de agua de 3.219 Hm3.

Para ello se construyó una inmensa mole con más de 1,1 millones de metros cúbicos de hormigón que impresiona al visitante con sus 90,45 metros de altura sobre los cimientos y 580 metros de longitud de coronación.

La interconexión de estas dos presas no se entiende sin el túnel de cuatro kilómetros que se construyó años después entre el embalse del Zújar y de Orellana.

Esta conducción permite trasvasar agua en ambas direcciones, en función de las necesidades, entre el sistema Zújar-Serena y el Guadiana, que discurre casi en paralelo y que forman los pantanos de Cíjara, García-Sola y Orellana.

El agua almacenada en este momento y este moderno sistema de regulación hacen que el denominado sistema Central de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), en el este de Badajoz, esté en mejor posición para afrontar la sequía que otras zonas de España. Su situación es de "prealerta".

El presidente de la CHG, José Martínez, ha asegurado a Efe que el suministro está garantizado este año y el 2018, lo que hace extensivo a toda la cuenca, aunque la zona de Ciudad Real, por ejemplo, esté en "alerta".

La Serena afronta la tercera sequía de su historia; la primera se produjo en plena fase de llenado, después de cerrar compuertas, lo que hizo que el volumen embalsado bajara hasta el 2 % en noviembre de 1995.

Debido a las críticas que decían que nunca se iba a llenar, en 1997 se produjo un desembalse simbólico al alcanzar el 86 %.

La presa se llenó en 2010 -tras otro largo período sin lluvias- y 2013, lo que obligó a hacer importantes desembalses.

Para estos casos cuenta con ocho compuertas en la parte alta, de once por ocho metros, que pueden aliviar agua a razón de 2.800 metros cúbicos por segundo en total, además de desagües más pequeños de medio fondo -el agua está ahora por debajo de ellos- y de fondo.

Esta sequía ha dejado a La Serena, según datos de esta semana, al 38 % de su capacidad, al acumular 1.223 hectómetros cúbicos, cuando hace un año estaba al 58,2 %, por eso hay preocupación entre los regantes, según González.

Los usos del pantano para abastecimiento humano, regadío, electricidad y otros no han variado y la calidad del agua se mantiene porque la cota no ha bajado hasta la zona de sedimentos.

La rutina de las tareas de mantenimiento y seguridad tampoco ha sufrido cambios y siguen en el exterior y el interior de la explotación, que cuenta con cinco grandes galerías longitudinales, dos transversales y otras dos perimetrales que suman más de 2,3 kilómetros.

En materia de seguridad se revisan posibles dilataciones, desplazamientos de los bloques o filtraciones de agua.

Carlos González de Rivera

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