Sábado 16/09/2017.

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Thyssen y Hitler, de amistad por conveniencia a enemigos a muerte

  • "Yo pagué a Hirtler", es el título de las memorias de Fritz Thyssen 
  • Thyssen y Hitler, de amistad por conveniencia a enemigos a muerte EFE

"Yo sostuve a Hitler y a su partido", confiesa Fritz Thyssen en el arranque de sus memorias, "Yo pagué a Hitler", una historia que comenzó con el ascenso nazi y una amistad de conveniencia entre el empresario y el dictador y que acabó con una enemistad a muerte y Thyssen en un campo de concentración.

En los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial, Thyssen, en colaboración con el periodista Emery Reves, quien se hizo millonario como agente literario de Winston Churchill, redactó estas memorias que ahora se publican por primera vez en España, por la editorial Renacimiento.

"Hitler me engañó a mí, lo mismo que ha engañado al pueblo alemán y a todos los hombres de buena voluntad", prosiguen las memorias de Thyssen, quien con alegatos como éste se libró de condenas penales por haber financiado a los nazis aunque tuvo que pagar la entonces elevada cifra de medio millón de marcos como compensación a las víctimas.

Tío del coleccionista de arte afincado en España y ya fallecido Hans Heinrich von Thyssen-Bornemisza, Frizt Thyssen, al enfrentarse al tribunal, alegó haber financiado a los nazis sólo hasta 1938 y eludió la acusación de haber empleado mano de obra esclava, ya que para los años de guerra hacía tiempo que había sido declarado enemigo del régimen.

Lo que no pudo negar es que despidió a los empleados judíos que trabajaban en sus fábricas, en aplicación de las leyes racistas de Hitler.

El escritor Juan Bonilla, en el prólogo a esta primera edición española, cuenta cómo un telegrama de Thyssen a Hermann Göring protestando por la invasión de Polonia, que dio comienzo a la Segunda Guerra Mundial, le costó su puesto en el Parlamento alemán y la pérdida de todas sus propiedades en Alemania.

Bonilla señala que esa rebeldía no fue la primera sino la que colmó el vaso de las desavenencias de Thyssen con los que habían sido sus amigos, ya que no aprobó la persecución de los católicos -fe que profesaba-, ya había mostrado su rechazo a la "Noche de los Cristales Rotos" y había rechazado que los grandes esfuerzos financieros no se dirigieran a revitalizar la economía alemana sino, en exclusiva, a construir un ejército imperial.

Hasta que abandonó el partido nazi, Thyssen ingresó en sus arcas algo más de un millón de marcos, desde el donativo inicial que a mediados de los años veinte destinó al general Ludendorff con la idea de abonar el crecimiento de los nacionalsocialistas, a cuyo líder escuchó decir en un mitin en 1923 justo lo que quería oír, una enérgica reacción contra el Tratado de Versalles.

En el momento más dulce de su amistad, Thyssen actuó como representante de Hitler ante los empresarios germanos y fue uno de los influyentes alemanes que pidió al presidente Hidenburg que nombrara canciller a Hitler, lo que éste supo recompensarle con su puesto de parlamentario.

Cuando protestó ante Göring, el empresario ya había decidido huir a Suiza pero, por un error de cálculo ante el rápido avance de los nazis, fue detenido en Bélgica, de donde fue trasladado a un campo de concentración en coincidencia con la nacionalización de todas sus fábricas.

Juan Bonilla también recapitula sobre la historia de "Yo pagué a Hitler" y la relación del magnate alemán con el avispado Emery Reves -al que denomina "ghost writer", o lo que en la tradición hispana se conoce como "negro" o escritor que lo hace por encargo y sin firmar-.

La primera edición del libro es de 1941 -con Thyssen ya entre rejas-, de modo que Reves construyó el relato con el acopio de datos, confesiones y declaraciones que el magnate le hizo en las entrevistas que sostuvieron antes de la guerra, con el olfato que el periodista siempre tuvo para los hombres influyentes.

Según Bonilla, "Reves se cargó la ley fundamental del periodismo y engañó sin asomo de pudor a Thyssen: se acercó a él, le convenció de la necesidad de que enhebrara sus memorias como uno de los industriales que prestó apoyo económico al nazismo, aprovechó el rencor que el magnate sentía por sus antiguos correligionarios, que lo habían convertido en enemigo público de Alemania..."

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