Lunes 05/11/2018.

| Pregunta al médico

tiene efectos antiinflamatorios, antibiótico y antisépticos

Pregunta al médico

Los ajos, fuente de salud

  • El ajo es uno de los vegetales que más propiedades beneficiosas tienen para nuestra salud.
  • El efecto anticoagulante del ajo parece que en gran medida se debe a una sustancia que se llama alicina.
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La verdad queridos lectores de esta sección de Teinteresa, que está semana tenía varios temas sobre los que hablarles. Por ejemplo, comentarles la noticia que se ha publicado sobre la reducción de la esperanza de vida en España o que existen bacterias que viven en condiciones extremas donde el ser humano sería incapaz de sobrevivir apenas unos segundos entre otros muchos temas. Pero de repente me acordé que acababa de comenzar el fin de semana pasado la Liga de Futbol Profesional y eso lo uní al recuerdo del comentario de una afamada mujer de un, no menos afamado, magnífico futbolista que, como la mayoría de ustedes recordarán, acuñó la ya famosa frase "España huele a ajo". Pensé entonces, pues hablemos del ajo  y dejemos los otros temas para otras semanas porque no sé si España huele o no a ajo pero espero que después de leer este breve artículo huela mucho más ya que si lo utilizan en su dieta, lo usen aún más, y si no lo hacen comiencen a utilizarlo.

El ajo es uno de los vegetales que más propiedades beneficiosas tienen para nuestra salud. Entre otras muchas propiedades al ajo se le a atribuido efectos antiinflamatorios, antibiótico y antisépticos, reduce el colesterol y los triglicéridos, aumenta el nivel de insulina por lo que los expertos lo han recomendado para personas diabéticas e incluso se dice que el ajo puede eliminar parásitos intestinales, disenterías y otras infecciones gastrointestinales.
 También hay datos que sugieren que el ajo también es bueno para reducir el estrés o incluso la depresión, ya que el ajo estimula la formación de un neurotransmisor llamado serotonina.

La serotonina es un neurotransmisor que se genera a partir de un aminoácido llamado triptófano y que control desde el estado de ánimo, al sueño o incluso el apetito o el dolor.

Pero no nos desviaremos mucho de hablar sobre el ajo. Sin duda una de las propiedades más conocida y reconocidas del ajo son sus propiedades anticoagulante y vasodilatadora.

El efecto anticoagulante del ajo parece que en gran medida se debe a una sustancia que se llama alicina. La alicina no se encuentra naturalmente en el ajo, sino que cuando el bulbo del ajo se rompe, se libera la alina, compuesto que al ponerse en contacto con la enzima alinasa da formación a la alicina. La alina y la alinasa se encuentran en diferentes compartimentos del ajo, por ello al romperlo bien machacándolo bien masticándolo se crea la alicina.

La alicina también es la responsable de los efectos sobre la reducción del colesterol atribuidos al ajo. La alicina es sin embargo muy inestable y pierde sus propiedades cuando el ajo se calienta a temperaturas superiores a 60ºC.

En cuanto al efecto vasodilatador del ajo podemos decir que el ajo tiene efectos diuréticos. A través de su efecto diurético, los ajos pueden ayudar a eliminar líquidos que se retienen cuando la presión está alta. Además el ajo estimula que unas células que hay en nuestros vasos sanguíneos que se llaman células endoteliales, liberen un gas llamado óxido nítrico, gas que tiene capacidad vasodilatadora y por lo tanto puede ayudar a bajar la presión arterial.

¿Cuantos ajos entonces tenemos que comer para disfrutar de sus propiedades saludables?. Los expertos dicen que aproximadamente un diente de ajo al día, lo que equivaldría más o menos a un gramo de ajo, es suficiente para alcanzar sus efectos beneficiosos sobre la salud.

A veces, como hemos relatado al principio de este artículo, el ajo tiene la fama de ayudar a emitir olores quizás no agradables para nuestro olfato. Ya decía Don Quijote de la Mancha a su fiel escudero Sancho Panza "No comas ajos ni cebollas porque no saquen por el olor tu villanía". El ajo tiene una gran cantidad de componentes sulfurosos volátiles entre los que se incluye la alicina. Debido a su volatilidad, en lugar de digerirse a través del aparato digestivo, una porción de estos componentes se filtra directamente en nuestro torrente sanguíneo y, de ahí, a todo nuestro organismo incluidos los pulmones, piel, etc. Además, estos mismos elementos sulfurosos pueden en la boca servir de alimento a bacterias que allí residen y favorecer así el mal aliento también conocido como halitosis.

Dice la historia que el ajo era un alimento ya consumido por las civilizaciones antiguas. En el antiguo Egipto, Grecia o Roma se consumía por sus propiedades vigorizantes. Fue en la Edad Media donde ya se comenzó a usar con fines terapéuticos, por ejemplo durante el imperio bizantino, se utilizaban para tratar úlceras, dolor de oídos y neutralizar algunos venenos. En la Edad Media también se utilizaban para espantar brujas, vampiros y malos espíritus. En la Primera Guerra Mundial se utilizó también para desinfectar heridas ante la falta tan importante que en esa época había de medicamentos.

Dice también la historia que el ajo nació en el antiguo Turkestán (limite entre China y Afganistán e Irán) y que personajes como Alejandro Magno, Atila o Gengis Khan contribuyeron a expandir el ajo en el mundo.

Volviendo al fútbol, origen de la historia de hoy sobre el ajo. Cuantas veces habrán escuchado o visto ajos detrás de una portería de fútbol para intentar espantar, como se hacía en la Edad Media, la mala suerte. Me van a perdonar queridos lectores, pero este año ya pueden todos los equipos poner en sus porterias ristras de ajos porque da lo mismo, mi atleti está increíble.

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