Lunes 05/06/2017.

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'Me ofrezco como esclavo': LinkedIn, foro de desahogo para parados cualificados

El mercado laboral español está seco, tieso, y lleva así demasiado tiempo. Los empleos son precarios y a tiempo parcial; el número de horas trabajadas total en España sigue clavado en la misma cifra que en 2011: 600 millones trimestrales. En estas circunstancias, tras casi una década de sufrimiento, trabajadores y desempleados pierden la paciencia y se desahogan en las redes sociales.

Es el caso de Pedro (nombre ficticio), desempleado y licenciado en ciencias económicas y empresariales, con más de tres décadas de experiencia en el mercado laboral, que ha decidido buscar catarsis en LinkedIn. “Me queda un mes de prestación de desempleo. Sigo sin trabajo”, escribía a principios de abril en un post. “Sólo tengo deudas y una pensión por alimentos que tengo que pagar religiosamente todos los meses. No sé si es por mi CV o por mi edad, pero no tengo trabajo. Por lo tanto, he decidido ¡OFRECERME COMO ESCLAVO! Podéis usarme y utilizarme como a un trapo, a vuestro antojo (cosa que ya han hecho mis antiguas empresas, hasta en esto tengo experiencia). Si el precio es el adecuado incluso podéis humillarme, insultarme y darme latigazos…”

El escrito de Pedro ha sido compartido y recomendado más de 400 veces y casi 200 personas lo han comentado: “ánimo, no pierdas el sentido del humor”, “eres tragicómico como la vida misma”, “fuerza” o “hay salida”. El resto de sus post pasaron prácticamente inadvertidos.

Estallidos como este son frecuentes en la red social. De los últimos días es el de un joven periodista andaluz que ha decidido no perder más el tiempo buscando en una profesión en la que, en 2013, se habían destruido 5.000 empleos: “me retiro como periodista […] por muchos conocimientos que tenga, de nada sirve si sigues en paro y con problemas y muchas cargas familiares. Intentaré buscar trabajo como camarero o dependiente y rehacer mi vida. Me costará, porque he visto como mi sueño como profesional se ha truncado. Muchas gracias a todos los que me apoyaron”.

Otro periodista explotaba de manera similar: "Estoy cansado de mendigar trabajo, cansado de la informalidad de la gente, de la falta de empatía, de la falta de oportunidades reales e iguales en el mundo laboral [...] Señoras y señores, BUSCO TRABAJO INMEDIATO, no puedo esperar, no puedo dilatar esto más; se trata de mi vida, y no hay nada más importante que mi propia vida. Siempre he atendido a quien me ha pedido ayuda, siempre procuré trabajo a los demás, siempre me lo tomé como una búsqueda personal".

La red del “cuello blanco” también sangra

LinkedIn, empresa de Microsoft, roza los 500 millones de usuarios en todo el mundo. Son, sobre todo, gente educada: sólo uno de cada diez no ha llegado a la universidad, y la mitad tiene una licenciatura o un grado superior. Buscan o tienen profesiones cualificadas, propias de los llamados “trabajadores de cuello blanco” (oficinistas, ejecutivos, trabajadores de grandes empresas, etc).

Pero este segmento medio-alto en la pirámide laboral tampoco encuentra empleo fácilmente en medio de una crisis que compite en crueldad con la de los noventa (aquella, una década completa por encima del 14% de desempleo y máximos de 24%; esta, nueve años por encima del 13% y con picos del 26%).

“Tras comprobar que en Suiza una cajera del Lidl cobra unos 4.000 euros y un camarero 7.000, los sueldos en España me parecen aún más indignantes”, escribe una usuaria. “Me quema ver como personas cualificadas con varias carreras y algún Máster cobran menos de 1000 euros al mes en Madrid. Algo no va bien”.

Una estudiante a punto de doctorarse contaba recientemente cómo, al decirle a un amigo que iba a presentar su tesis, éste le preguntó si al convertirse en doctora tenía ya trabajo asegurado. “Me causó mucha ternura que todavía alguien pensara que tener un doctorado era sinónimo de trabajo seguro. Lamentablemente, como bien sabemos los que estamos en esta situación, nada más lejos de la realidad. Conseguir plaza en una Universidad pública hoy en día es casi una utopía”… El post continuaba explicando el eterno círculo diabólico de la experiencia laboral que se pide para poder tener experiencia laboral.

La red está viendo también cómo se denuncia el machismo en el mercado laboral y el acoso sexual. 

“He abierto este perfil para buscar algún trabajillo que me ayudase a pagar mi matrícula universitaria, porque la vida está como está”, escribe una joven universitaria. “Alguien se ofrece a ayudarme. Me pide el número de teléfono. Le pido que me concrete de qué se trata. Se ofende. No hay ninguna oferta detrás. Sólo quiere charlar para conocerme. Mira una y otra vez mi perfil.  Insiste. Me pregunta cuanto necesito. Se ofrece a dármelo. El lobo con piel de cordero trabaja en una conocida empresa de cerámicas…”

Algunos veían LinkedIn como una promesa de mejora laboral y ahora, tras meses o años en ella, huyen y aplican una suerte de política de tierra quemada.

No es un sitio de búsqueda de empleo, sino una red social que hay que cultivar como un bonsái: publicar el CV no garantiza que sea visto; se han de poner posts interesantes, relacionarse con la gente adecuada, tener un perfil con una apariencia perfecta, explica Isabel Iglesias, experta en Recursos Humanos.

Así, LinkedIn es un gran cóctel virtual, en el que algunos asistentes, ignorados y desesperados, han decidido ponerse a gritar.

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